martes, 19 de mayo de 2020

Primer símbolo del trabajo: el arado

El arado, que remueve el suelo y lo prepara para ser cultivado, es un humilde y sencillo instrumento de trabajo que contribuyó de manera decisiva a la civilización de la humanidad. Cuando el hombre aprendió a cultivar el suelo debió establecerse en un lugar; es decir, se hizo sedentario. Así nacieron las primeras organizaciones sociales y políticas para lograr una mejor convivencia. El arado simboliza , pues, el trabajo fecundo y en paz que ennoblece a todos los seres humanos.

Sencillo arado que utilizaron los antiguos egipcios para labrar las tierra
fertilizadas por las crecidas del río Nilo.





Antes del arado

El hombre primitivo, al observar la naturaleza, veía crecer las plantas y dar frutos que le servían a él de alimento. Se le ocurrió entonces que podía cultivarlas, pero para ello necesitaba herramientas adecuadas que facilitaran el trabajo. La primer herramienta fue un palo puntiagudo para hacer hoyos en el suelo e introducir allí las semillas . Luego mejoró esta herramienta y con dos ramas curvadas creó la azada y el azadón. La primitiva agricultura que se practicó entre los años 8000 y 6000 antes de Cristo se llama, precisamente agricultura del azadón, pero ésta agotó los terrenos, pues los azadones de madera o de piedras o huesos sujetos a un mango que se utilizaban, apenas removían las capas superficiales.

Arado primitivo tipo bastón


Ilustración de un arado etíope





Nace el arado

La necesidad de recurrir a las capas más profundas de las tierras a cultivar o sementeras hizo que el agricultor primitivo aplicara a ese mismo azadón una fuerza que lo arrastrara, cosa de poder volcar la tierra y permitir la renovación del lecho donde habrían de germinar y nutrirse las semillas. El probable uso del primer arado tiene lugar por los años 6000 a.C., y fue un arado sumamente sencillo: azadón con cuerdas tiradas por hombres. Más de un milenio habría de pasar antes que nuestros primitivos ante pasados intentaran y consiguieran la domesticación del buey, y este magnifico hecho trajo apareada la evolución del azadón al arado propiamente dicho, ya que la obtención de la tracción animal permite arrastrar un peso mayor y clavado más profundamente en la tierra. La irrupción de la agricultura del arado en la economía de las primeras comunidades fue fundamental, ya que permitió el asentamiento de esas comunidades y originó los cultivos en tierras cercanas a los grandes ríos.

Antiguo arado egipcio


Tipo de arado usado en la antigua Mesopotamia (Irak y Siria)






El arado y las leyendas

Nadie sabe quién fue el "inventor" del arado, pero en muchos pueblos encontramos leyendas sobre sus orígenes. Los chinos, por ejemplo, sostenían que lo creó el emperador Ching-Noung, que vivió hacia el año 3200 a.C. Los griegos lo atribuyen a sus dioses del Olimpo, y son varios los que comparten el honor: Zeus, Dioniso o Deméter. Según la mitología romana, Minerva, Ceres, Júpiter y Baco fueron quienes lo trajeron a la Tierra. Para los egipcios, la invención del arado es atribuida a Osiris el dios de la agricultura y única divinidad a quien se representa manejando el arado.

Dioses asociados a la agricultura, de izquierda a derecha:
Griegos: Deméter, Zeus y Dionisos.
Egipcio: Osiris
Romanos: Ceres, Minerva, Júpiter y Baco. 







El arado y sus tradiciones

Las tradiciones referentes al arado recogen, con más precisión que sus leyendas, la importancia de su incorporación al mundo, y para muestra podemos decir que Ísaias, unos de los más grandes profetas hebreos, consejero del rey Ezequías (siglo VIII a.C.), dijo que algún día los hombres harían arados con el hierro de sus espadas, anticipándose a lo que habría de ocurrir mucho después. Fue transformándose casi en un instrumento sagrado en la antigüedad, y recibió las alabanzas de poetas como Virgilio y Hesíodo, quien lo describe minuciosamente en su obra "Los trabajos y los días".
Los romanos hacían uso de él como protagonista de una ceremonia litúrgica, cuando debían establecer el perímetro de las ciudades que fundaban. En esas ocasiones empleaban un arado ensamblado con clavijas (cuñas de madera), sin ningún clavo, y tirado por una yunta de bueyes en la que uno de los animales era de color rojo y el otro completamente blanco. 
Cincinato, célebre patriota romano, en el año 458 de la era cristiana fue llamado a ejercer las funciones de dictador para salvar a Roma de la invasión de los ecuos y fue provisto de las altas insignias de su cargo mientras estaba ocupado en el manejo del arado. Apenas consiguió derrotar al enemigo y afirmar el triunfo renunció a la magistratura y regresó a las labores del campo, donde continuaría empuñando las manceras d su arado con la misma firmeza con que había manejado la defensa de su patria.
En España siglos más tarde, sucedió un hecho parecido con el visigodo Wamba. Los emisarios de la Corte de Toledo fueron a comunicarle su elección como sucesor del rey Recesvinto, y la tradición cuenta que encontraron a un campesino que estaba arando su tierra y al que le preguntaron por la casa de Wamba. El campesino, que no era otro que el mismo Wamba, sin darse a conocer levantó el arado a pulso y señalo la casa, asombrando al grupo de emisarios, quienes se dirigieron hacia la construcción señalada, seguidos por el labrador  Enorme fue la sorpresa de los emisarios cuando el futuro rey se dio a conocer, pero también fue grande la satisfacción porque dedujeron que un hombree capaz de empuñar un arado de ese modo era el más indicado para gobernar el reino con brazo fuerte y seguro.

Rey Wamba





Evolución del arado

El arado que usaron los antiguos egipcios para labrar las tierras fertilizadas por las crecientes del Nilo era sencillo; para construirlo tuvieron en cuenta el modo cómo el jabalí introduce sus colmillos en el suelo para buscar las raíces. El perfeccionamiento de este arado tuvo una aceleración muy lenta, y su adaptación a las diferentes necesidades de los cultivos sufrió las modificaciones precisas y de acuerdo con sus fuentes impulsoras. Con la domesticación del buey y del caballo fueron surgiendo los cambios y modificando sus ángulos de roturación y de volcado de la tierra, pero la incorporación de una verdadera vertedera, o sea un agregado a modo de alerón para arrojar la tierra al lado, se debe a los holandeses y es invento relativamente reciente. En el siglo XVIII el arado sufrió sus grandes modificaciones con la utilización del hierro en su estructura, y ese tipo de arado dio origen a todas las variedades que existieron hasta que la incorporación del tractor, con gran poder de tiro, cambió el concepto de arado hasta llegar a la técnica de las maquinarias que admiramos en la actualidad.

Antiguo arado egipcio











El arado en tierras de américa

América tuvo la particularidad de no contar con los animales que pudieran ser usados como bestias de tiro. Los cuadrúpedos como la llama o la alpaca sólo fueron encargados de labores de carga, y si bien el arado existió en modos rudimentarios, tuvo que ser arrastrado por hombres. El arado americano, que aún se usa en algunos sitios estrechos (laderas de montañas) o para el rayado de surcos en algunas especies de cultivos, es el típicamente conocido "arado de palo". Es decir, es un tronco cuyo extremo ha sido endurecido mediante un parcial contacto con el fuego. Luego, cuando el uso de bueyes y caballos se generalizó, ese mismo arado incorporó una reja de hierro, copiada de los arados españoles, y que brinda mayor resistencia y utilidad práctica.

Implementos que usaban los aztecas para arar






El arado en la actualidad

La agricultura de nuestros días también ha incorporado los grandes adelantos de la técnica, y los primitivos arados han dado paso a gigantescas y eficientes herramientas que permiten que un solo hombre realice las labores que en otros tiempos requerían los brazos de 50 o tal vez más hombres. La misma técnica ha permitido que las superficies agrícolas aumentaran en una misma proporción, apareadas a un idéntico rendimiento de las cosechas. Los arados que arrastran los tractores roturan muchos surcos a la vez y son de rejas o de discos, y sus eficientes labores se complementan con labores rastras que permiten una mejor preparación de los terrenos de siembras. 
La edad del arado sostenido por las manos parece ir quedando definitivamente atrás, pero es indudable que el tiempo transcurrido precediendo los pasos del hombre en los surcos ha sido testigo de todo lo que ha aportado para el progreso de la humanidad.

Tractor moderno



Los arados actuales ya sean de rejas o de discos, abren entre cinco
y veinte surcos a la vez, permitiendo así, con un solo hombre,
multiplicar el esfuerzo de los antiguos arados de tiro. Al mismo
tiempo, su rendimiento es mucho mayor, pues desarrollan más
velocidad, y también se puede regular la profundidad de los surcos.











martes, 12 de mayo de 2020

El aparato digestivo: Una máquina que destruye para construir

En nuestro organismo existe un tubo ondulante y enroscado, con algunos ensanchamientos, que en el adulto mide unos 10 metros de longitud. Es el aparato digestivo, en el que se realiza la función vital de la digestión, o sea la transformación de los alimentos hasta convertirlos en sustancias simples que pueden ser asimiladas y nutrir al cuerpo. En ese tubo digestivo se distinguen los siguientes órganos: la boca, la faringe, el esófago, el estómago y los intestinos delgado y grueso. En cada uno de ellos se cumple parte del proceso químico de reducir, modificar las sustancias complejas de los alimentos. En conjunto, es una máquina transformadora que empieza a funcionar cuando el sistema nervioso llama la atención por medio del hambre, para indicar que han disminuido las reservas nutritivas.
La boca es el primer órgano del aparato digestivo donde los alimentos experimentan las primeras modificaciones. Los dientes cortan, desgarran y trituran los alimentos, mezclándolos con la saliva segregada por las glándulas salivales. La lengua los amasa y, con sus músculos, presiona los alimentos molidos contra los dientes y el paladar transformándolos en una papilla o "bolo alimenticio". Mientras tanto la saliva empieza la transformación del almidón que contiene, por ejemplo, un trozo de pan, desdoblándolo en hidratos de carbono más simples.
El bolo alimenticio es entonces tragado y pasa por la faringe al esófago. El acto de tragar es aparentemente muy simple, pero en el mismo intervienen músculos, nervios, ligamentos, la laringe, la epiglotis, el velo del paladar, la lengua, los labios, los pulmones, el diafragma y, sobre todo, varios centros cerebrales que coordinan los movimientos semiautomáticos de la deglución. En suma: toda una central de comunicaciones muy eficiente.
La faringe es un canal músculo-membranoso situado a la altura del cuello, detrás de las fosas nasales y de la cavidad bucal. Por su polo inferior se comunica con la laringe. Por ella pasan el aire y los alimentos, para lo cual funciona un simple pero sorprendente juego valvular que permite dirigir el aire de la respiración a través de la laringe a los pulmones y la comida al esófago; cuando tragamos, la úvula (o campanilla) y el velo del paladar ascienden y tapan la parte posterior de la nariz, la lengua desciende en su base como un plano inclinado, y la epiglotis, que es una formación valvular cartilaginosa, cubre la entrada de la laringe quedando ampliamente comunicada con la boca con el esófago y ocluida la vía aérea; este mecanismo se invierte al respirar .
El bolo alimenticio llega al esófago, un tubo elástico de unos 30 cm de longitud, donde es empujado hacia el estómago por las fibras musculares del mismo. Los movimientos del esófago son tan perfectos, que se puede comer y beber aún estando cabeza abajo.
Las paredes musculares del esófago, del estómago y de los intestinos están dirigidas por un plexo nervioso, cuyas fibras se encuentran en la propia pared del tubo digestivo, y rigen su movimiento automático en ondas que tienden a hacer progresar los alimentos; son las llamadas ondas peristálticas.
Del esófago, los alimentos pasan al estómago, que es una bolsa muscular irrigada por numerosos vasos sanguíneos y con una capacidad aproximada de un litro. Está formado por tres capas: una cubierta externa rodeada por el peritoneo, una muscular media y una mucosa, en el interior. En la entrada existe una válvula, el cardias, y a la salida otra, el píloro, que se abren en determinadas condiciones para dejar penetrar o salir la masa alimenticia.
En el estómago se cumplen procesos mecánicos y químicos. Los alimentos son sometidos a movimientos enérgicos producidos por contracciones de la musculatura mientras son "atacados" por el jugo gástrico, que contiene principalmente ácido clorhídrico y pepsina, y actúa desintegrando las albúminas o proteínas. Como resultado de las transformaciones que sufren los alimentos, en el estómago se forma una sustancia llamada quimo. En la mucosa del estómago se hallan unos cinco millones de glándulas que segregan el jugo gástrico.
El aparato digestivo se compone de cuatro secciones de distinta reacción química. La boca y el esófago son alcalinos por la saliva; el estómago es ácido por su jugo; el intestino delgado es alcalino por sus secreciones, y el intestino grueso varia de acuerdo con los residuos alimentarios y bacilos que en él se encuentran. Esto es importante, pues las entradas y salidas del estómago se regulan por acción química. El píloro se abre cuando la digestión en el estómago ha neutralizado la acidez clorhídrica local, y lo hace cada diez segundos, dejando pasar al intestino sólo una pequeña porción de alimento por  vez.
El intestino comprende dos secciones: el intestino delgado y el intestino grueso. En la primera parte del intestino delgado llamada duodeno, porque mide aproximadamente doce dedos, se encuentran dos conductos que vierten, desde el hígado, la bilis, y desde el páncreas, el jugo pancreático. Además, la pared intestinal contiene más de veinte millones de pequeñas glándulas que en un día producen de 3 a 4 litros de jugos. Estos jugos terminan con la desintegración de los alimentos. Los hidratos de carbono se convierten en glucosa, las albúminas en aminoácidos y las grasas en ácidos grasos. El quimo se transforma en una parte líquida o quilo y una parte sólida o desechos, que se expulsan del organismo como materia fecal.
La mucosa intestinal presenta una gran cantidad de pliegues y diminutas vellosidades, de más o menos 1 cm de longitud, que permiten ampliar enormemente su superficie digestiva y absorbente.
Los aminoácidos y azúcares son llevados a los vasos capilares sanguíneos y los ácidos grasos a los vasos linfáticos. Los dos primeros pasan al hígado, donde se acumula la glucosa en forma de glucógeno y se retienen sustancias tóxicas, y de allí ingresan al torrente sanguíneo, que reparte el alimento a todas las células del cuerpo humano.

En este gráfico puede apreciarse todos los órganos involucrados
en el proceso de la digestión.



Las glándulas salivales se encuentran en toda la mucosa de la boca, pero
las seis mayores, del tamaño de una cereza, se denominan parótidas (al
costado, cerca del lóbulo de la oreja), submaxilares (debajo del maxilar
inferior) y sublinguales (debajo de la lengua). Estas glándulas no trabajan
de modo mecánico, sino por influjo del sistema nervioso. Cuando "vemos"
algo rico o percibimos un olor a comida sabrosa, la "boca se hace agua"
porque las glándulas han comenzado a segregar saliva.






El reloj de la digestión

La digestión es un largo proceso, y su duración depende de los alimentos. Algunos como el té, el huevo pasado por agua, etc., son livianos, y abandonan el estómago más rápidamente que los guisos o carnes grasas. Pero, en general, la digestión dura unas veinte horas, y los desechos son eliminados entre las 24 y 48 horas siguientes.
Veamos, por ejemplo, si empezamos el almuerzo a la una y comemos carne, verduras, pan, queso, etc., es decir, alimentos que contienen hidratos de carbono, proteínas, grasas, sales minerales y vitaminas.
A la 1 y 1 minuto, los alimentos masticados abandonan la boca y pasan al esófago, tardando unos 8 segundos para llegar al estómago.
En el estómago, los alimentos permanecen al rededor de 2 horas y media. De allí pasan al intestino delgado, donde permanecen unas siete horas. A continuación llegan al intestino grueso, donde el tiempo que permanecen es variable, pero no menor de 6 horas en su recorrido, y finalmente los residuos llegan al resto, donde se coleccionan para ser evacuados una o dos veces por día.

Gráfico del reloj de la digestión. Este largo proceso dura de 22 a 24 horas.





¿Cómo trabaja el páncreas?

El páncreas es una glándula situada entre la pared posterior del estómago y la columna vertebral. Segrega un jugo pancreático que contiene cuatro elementos indispensables para la digestión. Este jugo desdobla los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas. Su actividad está regida por el sistema nervioso como las demás glándulas de la digestión. Cuando los alimentos impregnados de ácido clorhídrico llegan al píloro, esta parte del estómago segrega una sustancia que pasa a la sangre, y de allí al páncreas, "avisándole" que debe enviar su jugo. Y dos minutos después fluye el jugo pancreático al duodeno.

Esquema que muestra la posición del páncreas, que vierte su jugo en el duodeno.




La alimentación y la longitud del intestino grueso

La longitud del intestino grueso depende del hábito alimentario de la especie. Los animales carnívoros tienen un trabajo digestivo menor que los animales herbívoros, que deben digerir la celulosa (porción dura de los vegetales). Su intestino es, por lo tanto, corto. En el gato, por ejemplo, tiene unas cinco veces la longitud del tronco. En los herbívoros, en cambio, es largo. En el conejo, por ejemplo, el intestino mide 16 veces su cuerpo. En el ser humano mide, aproximadamente, 1 metro y medio.

Comparación entre el intestino de un conejo y el de un hombre.



Movimientos peristálticos










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sábado, 9 de mayo de 2020

Los glaciares: ríos helados

Entre los espectáculos más deslumbrantes que nos ofrece la naturaleza están los glaciares o ríos de agua sólida, formados por enorme masas de hielo que resplandecen con destellos azulados como mármol traslúcido. Se formaron hace un millón de años, y con un trabajo lento pareo continuo han ido modelando la corteza terrestre.

La contemplación de un glaciar es una de las emociones más intensas que
pueden experimentarse, especialmente cuando enormes bloques de hielo
se desprenden y, con gran estrépito, caen en las aguas de un lago.
Un espectáculo soberbio, pero aterrador.




¿Qué es un glaciar?

Un glaciar es, simplemente, un río de agua sólida, una enorme masa de hielo y nieve que, como los ríos comunes, se desplaza continuamente. Claro que el desplazamiento de los glaciares no se advierte a simple vista como en el caso de los ríos, pero sus movimientos han sido estudiados y pueden medirse con exactitud. En general puede afirmarse que el desplazamiento es más o menos veloz según la pendiente y el volumen del glaciar. En los Alpes, por ejemplo, hay glaciares que avanzan unos centímetros por día. La formación de los glaciares es semejante a la de los ríos y también lo son sus partes principales. La diferencia principal reside en el estado del agua, que en los ríos es líquida y en los glaciares sólida.

Glaciar alpino






¿Cómo se forma un glaciar?

En las altas cumbres o en las regiones cercanas a los polos, la nieve caída no se derrite nunca porque tanto en invierno como en verano las temperaturas son muy bajas. Por eso se llaman regiones de nieves eternas. Esta parte superior se llama ventisquero o zona de alimentación, ya que allí cae nieve casi permanentemente. La nieve está formada por cristales sueltos, lo que le da su característico aspecto esponjoso, y por eso es liviana. Para que la nieve se transforme en hielo, que es una masa compacta, sin huecos intermedios, debe expulsar el aire existente entre sus cristales, y ello ocurre en la primavera y el verano. Las zonas externas que reciben mayor calor que van derritiendo parcialmente y van llenando los espacios de aire. El agua, ya en el interior, se recongela y va uniendo entre sí a los cristales de nieve formando gránulos más pesados. Los gránulos se adhieren y forman una masa de nieve compacta y densa que, al caer nuevas nevadas, se comprimen y transforman hasta constituir una masa compacta llamada neviza que se va deslizando hacia los valles. La neviza adquiere mayor transparencia al perder el aire que aún quedaba interpuesto y forma un hielo esponjoso y cristalino, llamado geloide, que finalmente da origen al hielo del glaciar, que es una masa cristalina y de hermosa tonalidad azulada.
La parte inferior del glaciar, llamada, lengua, al penetrar en su avance en las regiones cálidas se funde lentamente hasta convertirse en agua, dando lugar muchas veces a la formación de lagos y ríos. A esta zona se la llama de ablación



Tipos de glaciares

De acuerdo con sus características se distinguen los siguientes tipos: glaciares de valle simple o alpino, por ser característicos de los Alpes, pero también se encuentran localizados en las altas montañas. Descienden por las pendientes de las laderas de las montañas y se encaminan por los valles; glaciares compuestos, que se originan por la confluencia de dos o más glaciares simples, cada uno con su propia cuenca de alimentación; glaciares de ladera, que no alcanzan a bajar a los valles y quedan como mantos en las laderas de las altas montañas; los de circo o canaleta, que se encuentran ubicados en grandes nichos o surcos de las laderas; glaciares suspendidos, adosados a paredes rocosas y que, al desprenderse, alimentan a los glaciares reconstituidos, es decir, formados por desprendimientos y que no tienen una alimentación continua como los demás. Todos éstos pertenecen a una misma familia que tiene en común un curso marcado y un sentido de movimiento.
otra familia de glaciares son los que se extienden en forma continua y se mueven en todas direcciones cubriendo grandes superficies.. Se los denomina con la palabra dinamarquesa indlandsis, que significa hielo continental. Se los encuentra en las zonas polares, Groenlandia y la Patagonia.




El movimiento de los glaciares

El hielo, por ser un sólido cristalino, es decir intermedio entre la viscosidad y la plasticidad, se adapta a las formas propias de cada terreno. El glaciar empieza a moverse cuando aumenta el espesor del hielo en una pendiente marcada. La velocidad en la superficie es mayor en la zona central, pues el roce de los costados con las paredes de las montañas detiene algo el movimiento.




El trabajo de los glaciares

Los glaciares, como los ríos, realizan un intenso y continuo trabajo. El cuerpo del glaciar, al avanzar, va arrastrando piedras o trozos de rocas desprendidos de las montañas por la acción de los fuertes  vientos o precipitaciones, bajas temperaturas, etc. Estos escombros se llaman morenas, y pueden ser morenas superficiales o bien morenas de fondo si quedan aprisionadas en las gritas del glaciar y llegan a la cara inferior del mismo
Estas piedras, unidas al hielo, actúan como una lima poderosa que va puliendo la superficie por donde pasa. La masa del glaciar ejerce una fuerte presión que desgasta el terreno y le permite ir cavando su lecho. El polvo que proviene del pulido de las rocas es llevado por los ríos que se forman debajo del glaciar hacia los lagos, dándoles a los mismos una coloración característica verde azulada o verde amarillenta.

Partes principales de un glaciar



Esquema de la sección longitudinal de un típico glaciar





Glaciares de ayer y hoy

Durante la era cuaternaria, que cuenta un millón de años, se produjeron épocas de mucho frío llamadas glaciaciones. En ellas los glaciares se extendieron en gran parte de la superficie terrestre. Pero esos periodos glaciales están separados por períodos más cálidos como el que nos encontramos en la actualidad. 
Aunque desde la antigüedad el movimiento de los glaciares era conocido, sólo en el siglo XVIII se comenzó a estudiarlos científicamente. En el año 1787, Bernhard Friedrich Kuhn probó que en épocas remotas la expansión de los glaciares había sido enorme; cincuenta años después, el geólogo Jean-Louis Agassiz demostró que muchos de los glaciares actuales se remontan a la época glacial. 

Bernhard Friedrich Kuhn



Jean-Louis Agassiz






La lucha entre un glaciar y un lago

En el sur de la República Argentina se encuentra un imponente glaciar llamado Perito Moreno en homenaje al explorador y científico que descubrió muchas  bellezas de la Patagonia. En su avance, este glaciar llega hasta el cerro Buenos Aires y forma como una pared que embalsa las aguas del brazo Rico con un nivel más elevado que el canal de los Témpanos. Entonces las aguas comienzan su trabajo devastador y van "comiendo" la base del glaciar. Al cabo de varios meses de incesante trabajo se forma una caverna, y las aguas avanzan en un torrente incontenible restableciéndose el equilibrio. Pero al mismo tiempo, en un espectáculo imponente, enormes bloques de hielo se desprenden y son arrastrados por las aguas como témpanos.


Las blancas murallas del glaciar Perito Moreno, en la República
Argentina, avanzan sobre uno de los brazos del lago Argentino.





viernes, 8 de mayo de 2020

Los desconocidos habitantes de una flor

Un paseo sin regreso. Tal vez, tan pronto como el
Sol se ponga, una gran variedad de pequeños animales,
que durante el día se refugió en las bromelias, salga
para realizar sus actividades nocturnas.

La más hermosa, mientras está viva. Esta langosta, sin dudas unos de
los habitantes más vistosos de la bromelia, pierde enteramente sus
bellos colores después de muerta.






La ecología -parte de la biología que estudia las relaciones que existen entre los organismos vivos y el medio ambiente- tiene innumerables manifestaciones -algunas de ellas muy curiosas- que demuestran el extraordinario equilibrio biológico regido por la naturaleza. Así vemos, por ejemplo, cómo la corola de una flor puede servir de habitáculo para una serie diversa de pequeños seres.
En algunas flores convive una delicada familia de insectos que, como la langosta , la araña o los mosquitos, la han adoptado como morada. Es decir que no sólo el ambiente natural donde es común hallar a esos insectos es el lugar favorable para su reproducción y desarrollo, sino que la naturaleza ofrece receptáculos insólitos, casi insospechados, en los que el estado de actividad de los seres orgánicos realiza el ciclo perenne de la vida: nacer, crecer y morir.

Oasis para insectos. El cáliz central de la planta,
siempre lleno de agua, tiene
el valor de un reconfortante oasis para los pequeños
animales de las regiones secas. 

Cazadora nocturna. La pequeña rana, muy cautelosa
entre las hojas de la bromelia, sale de noche en
busca de insectos para la cena.

El momento oportuno. La lagartija verde se arriesga un poco y abandona
el escondrijo donde vive a salvo de sus enemigos naturales. En el extremo
de las hojas secas, la hembra encuentra el ambiente ideal para depositar los huevos.




Pequeña laguna en una flor

Una de esas flores que mencionamos es la bromelia, planta monocotiledónea originaria de América. ¡Cuántas personas que jamás oyeron hablar de bromelias habrán saboreado los ananás, que son sus frutos comestibles! En el centro del penacho de las hojas de las bromelias es donde está el receptáculo de las aguas de la lluvia que la planta almacena para su beneficio. En ese lugar es donde vive una variedad enorme de insectos, en poco más de un litro de agua acumulada. Entre ellos figuran larvas de mosquitos y libélulas, saltamontes y chinches acuáticas, grillos de diversas especies y hormigas, que comparten su territorio con arañas, ciempiés, escorpiones y gusanos, que buscan en esas plantas el calor, la luz y la humedad; tres elementos esenciales para su vida.
A veces, también sorprende hallar pequeñas ranitas, lagartijas u otros reptiles que, en busca de insectos que constituyen su alimento, han llegado hasta allí. Asimismo, y por idénticos motivos, es posible encontrar nadando en el agua retenida por la planta a renacuajos, sapos, ranas y hasta pequeños cangrejos de agua dulce.
Desde el punto de vista ecológico, esto es sensacional, pues toda la minúscula fauna característica de las lagunas y pantanos puede vivir separada de esos ambientes gracias a la existencia de las bromelias. Si se observa que la cantidad de agua retenida en una de estas plantas puede llegar de uno a varios litros y que, en algunas regiones, ellas existen por millares, no es exagerado admitir que tal colección abriga en conjunto una cantidad tan grande de esos animales como si fueran pequeñas lagunas.
Compartiendo con los cactos la difícil sobrevivencia en los terrenos arenosos, las bromelias consiguen alfombrar de verde centenas de kilómetros casi desérticos. En esas extensas áreas, cuyo suelo presenta un drenaje rápido de las aguas de la lluvia, ellas aseguran la existencia del agua que habrá de saciar la sed de los pájaros, reptiles, mamíferos e insectos.
Si consideramos que las aves, sapos y ranas devoradores de insectos sirven, a su vez, de alimento a reptiles y aves de rapiña, advertiremos claramente la importancia de esos pequeños embalses de agua dulce para el mantenimiento del equilibrio biológico.

Las bromelias son como pequeños tanques de agua
de las zonas arenosas, en las que el líquido elemento
se filtra rápidamente. Además, cada mañana renace el
mudo animal al exhibir las gotas de rocío que durante
la noche quedaron retenidas en su cáliz central.

Una madre muy cariñosa. La mamá-cangrejo protege a la futura familia
(cientos de huevos en su vientre) escondiéndose entre las hojas.

Entre las hojas el peligro. Mucho cuidado al acercarse a las bromelias:
una serpiente puede estar durmiendo entre sus hojas



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martes, 5 de mayo de 2020

El arte de los vitrales

La luz, filtrándose a través de los vitrales y tiñéndose en mágicas pinceladas, acentúa la atmósfera de paz y meditación de las catedrales medievales. Fabricar vitrales es un arte que exige duro trabajo, precisión y destreza, además de un refinado sentido estético para prever los efectos de luz sobre el vidrio coloreado. Curiosamente, en la segunda mitad de este siglo asistimos a una resurrección de este difícil y antiguo arte.

Maravilloso detalle de un vitral en la catedral de Notre-Dame, Paris.




La mayor gloria de Dios

El arte de los vitrales (o vidrieras de colores, ya que la palabra vitral está tomada del francés "vitrail", cuyo plural es "vitraux") floreció, junto con las magnificas catedrales, durante la Edad Media. En esa época el trabajo de los artistas y artesanos permanecía anónimo, y la comunidad entera colaboraba, con donaciones y con trabajo personal, para elevar templos consagrados "ad maiorem Dei gloriam" ("a la mayor gloria de Dios). Se sabe que las vidrieras eran ya empleadas por los romanos, y en el siglo VIII hay referencias a la habilidad de los vidrieristas franceses. Pero sólo en el siglo XI comenzaron a usarse en las ventanas, o en huecos en los muros, vidrios de colores ajustados entre sí por tiras de plomo. Los vitrales del siglo XII consisten en verdaderos mosaicos de vidrio translúcido, donde cada tonalidad corresponde a un trozo de vidrio coloreado, de distinto espesor, que permite efectos de sombreado. Los temas, en casi su totalidad, están inspirados en episodios del Antiguo y Nuevo Testamento, y en la vida de los Santos.

Boceto de la catedral de Notre-Dame de 1776





Cenizas y arena convertidas en maravilla

En un principio, el artista se limitaba a pintar con un pincel de pelo de tejón sobre el vidrio, que luego se calentaba en un horno para fijar los colores. Luego la técnica se refino para obtener distintas tonalidades de vidrio colorado. El monje Teófilo aconseja usar dos partes de helecho y cenizas de haya, mezcladas con arena, para obtener un vidrio de tinte verdoso. Calentándolo durante largo tiempo, este vidrio tomará un color purpúreo. El agregado de diversos óxidos al vidrio fundido permitirá obtener otras tonalidades: óxido de cobalto para el azul, óxido de manganeso para el verde, óxido de cobre para el rojo, etc. El vidrio se derretía en grandes recipientes de arcilla refractaria. La técnica consistía en recoger un poco de vidrio fundido en el extremo de una "caña de soplador" (tubo hueco de hierro) y soplar por el otro extremo hasta obtener, según el procedimiento, un tubo o una esfera, que luego es aplanado. Este panel es más ancho en el centro, y su tono varía en los bordes. Así conseguían sus magníficos reflejos los vidrieristas de los siglos XII y XIII.

Monje Téofilo Presbítero, que era seudónimo
de Rogerus von Helmarshausen. 




¿Cómo se fabrica un vitral?

Hacer un vitral es una tarea nada fácil, en la que colaboran generalmente un artista, autor del diseño general, y un artesano, pero los resultados son maravillosos, que justifican el esfuerzo. Además de vidrios de colores, se utilizan a veces vidrios incoloros pintados en una o en ambas superficies. El dibujo general de la obra se realiza sobre un cartón, en el que se perfila una especie de mapa que determina las distintas partes y los tonos a utilizarse. De acuerdo con estas medidas se cortan los trozos provisionales, el artista traza sobre el vidrio líneas y colores suplementarios, que son fijados calentando en el horno los trozos de vidrio. Por último se realiza el "emplomado", es decir el ensamblado definitivo de las piezas con flejes de plomo. Esta era la técnica que empleaban los vidrieristas del siglo XIII y que, con algunas mejoras, aún emplean actualmente muchos artistas.

1 - Separando el vidrio fundido con ayuda de la "caña de soplador"
2 - El interior del horno en el momento de separar una parte del material
3 - Trabajo del vidrio mediante el soplado
4 - Selección y corte de los trozos de vidrio
5 - El artista da los últimos toques a un vitral
6 - "La Virgen y el Niño", por Jean Barillet (1960)





A través de los siglos

La edad de oro de los vitrales correspondió al reinado de Luis IX en Francia (siglo XIII), especialmente en la llamada escuela francesa de Chartres. En siglo XIV, el uso del amarillo de plata formó una delgada película sobre el vidrio, lográndose nuevos efectos. También se uso la grisalla, pinturas en gris o negro de figuras geométricas y flores sobre vidrio transparente. En el siglo XV sigue empalideciendo el colorido y predomina el blanco; en el siglo siguiente, el uso de la pintura al esmalte sobre los vidrios les restan brillo y transparencia. Los vitrales van perdiendo cada vez más originalidad, y con el correr de los años se convirtieron en mera pintura sobre vidrio, muy distantes de aquellos hermosos mosaicos en los que el plomo de sostén, lejos de disimularse, era parte armónica del conjunto.

Luis IX de Francia. Pintura de El Greco, óleo sobre lienzo,
1592-1595. Louvre, Paris.





El revivir de un viejo arte

Durante el curso de la historia, los vitrales han sido esencialmente un elemento de decoración religiosa. Hay, sin embargo, algunos sobre temas profanos en palacios, teatros y edificios públicos, la mayoría del siglo pasado y del actual. La influencia del arte contemporáneo y de la pintura no figurativa ha inspirado nuevos diseños, y en este siglo muchos creadores, como Auguste Labouret y Pierre Chaudiere, reviven la brillantez de las vidrieras medievales. Las mayores innovaciones consisten en la utilización de bloques de vidrio en lugar láminas, y en sustituir el plomo por el cemento. Junto a los creadores de nuevas concepciones en el arte de los vitrales, están los que amorosamente tratan de salvar las obras de arte del pasado, restaurando los vitrales dañados por los bombardeos durante la guerra, para sus mágicos vidrios puedan seguir brindando al hombre un encantador espectáculo de luz y color.

Auguste Labouret






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domingo, 3 de mayo de 2020

Los magníficos gigantes del reino vegetal

La utilidad de los árboles es inmensa, y el hombre se ha valido, para su evolución, de todos los productos que ellos le han proporcionado y que aún le seguirán proporcionando en el futuro. Muchas de las especies arborícolas se caracterizan por el valor de la madera, por la resistencia de ésta a la acción del tiempo o por los frutos que rinde. Cada árbol pertenece a un paisaje y lo alegra, aportando su colorido ramaje o la esbeltez de su tronco. Hay árboles lo suficientemente conocido para nosotros como para que, al momento de nombrarlos, podamos imaginarlos perfectamente. De ese modo sabemos que un duraznero se adorna de un modo particular apenas se insinúa la primavera. Un sauce, con sus ramas lacias y frescas, o las erguidas figuras de los pinos son algo que se presenta dentro de nuestras propias manifestaciones cotidianas.
Pero en la vasta extensión del reino vegetal existen árboles que se destacan por sobre las demás especies por el extraordinario gigantismo que alzan sus envergaduras. Algunas veces, ese gigantismo se determina por la amplia ramazón que alcanza su fronda, por el extraordinario desarrollo de su tronco o por la altura majestuosa. Son árboles que se destacan sobre los demás, y que presentan la curiosa maravilla de ser admirados como fabulosos representantes de la naturaleza.




El ahuehuete es un ejemplar de colosales dimensiones, ya que tanto
la altura como la circunferencia de su tronco superan los 50 metros.

El Ahuehuete de Santa María del Tule, en México

Los ahuehuetes son árboles coníferos, de madera semejante a la del ciprés, que cubren grandes extensiones boscosas del Golfo de México. En modo sobresaliente, entre los ahuehuetes, se destaca el llamado árbol del Tule, probablemente el árbol de mayor circunferencia en el mundo, ya que su tronco tiene unos 58 metros de circunferencia. Su altura es de 50 metros, aproximadamente, y se encuentra en Santa María del Tule, región situada al sudoeste de la ciudad de Oaxaca. Algunos botánicos calculan su edad entre los 3000 y 5000 años.



Baobabs africanos

En las sabanas del África tropical existe una variedad del árboles que se destacan por su extraordinaria copa y por su grueso tronco, acumulador de reservas hídricas para los largos períodos de sequía. Algunos de estos árboles suelen alcanzar los 50 metros de diámetro en la copa, y sus enormes troncos tienen una circunferencia de 20 y hasta 35 metros. No suelen ser muy altos, y sólo alcanzan los 25 metros; sus hojas son grandes, muy usadas como alimento o como condimento, y sus frutos -bastante pesados- al pender de sus ramas le dan un aspecto muy característico. A estos frutos, los europeos los llaman "pan de mono" o "nuez de Egipto", pero los indígenas los denominan "boecis".
Los gigantescos baobabs son árboles llenos de leyendas. Los indígenas suponen que en sus ramas residen los dioses y el espíritu de los muertos. Son objeto de adoración, y a su alrededor se celebran curiosas ceremonias. La frondosa copa sirve como guarida y cobija a infinidad de aves y animales, y la algarabía de todo ese mundo hace del espeso ramaje un lugar lleno de animación y bullicio.

El Baobab - que se yergue en las sabanas de África tropical- puede ser
considerado uno de los más grandes árboles del reino vegetal, no tanto
por su altura sino por la circunferencia de su tronco.



La higuera de las pagodas

Un árbol muy curioso, y relacionado con la higuera común, es el que cree dentro de una extensa zona de la India y parte del África tropical. De sus ramas brotan numerosos vástagos que crecen hacia abajo y que, al arraigar en tierra, se convierten en nuevos troncos, aunque en realidad son raíces aéreas. De este modo un árbol puede extenderse por una muy amplia superficie formando una curiosa y extraña estructura vegetal. Este interesante y extravagante miembro del reino vegetal se denomina higuera de las pagodas, aunque también suele ser llamado higuera de Bengala.
Un ejemplar existente en el jardín botánico de Calcuta, en la India, sobrepasa largamente el siglo de vida. Su tronco principal tiene 4 metros de diámetro y a su alrededor crecen 230 troncos secundarios del grosor de un árbol medianamente común; sumados a ellos crecen 3000 troncos más pequeños de diámetro. Se cuenta, como un hecho realmente extraordinario y curioso, que una vez estuvieron reunidos dentro de ese fabuloso templo natural unas 7000 personas.
La higuera de las pagodas alcanza alturas de 25 metros y vive muchísimo tiempo, pues aunque el tronco original se pudra, los troncos más jóvenes siguen soportando el árbol. En la India es considerado árbol sagrado.

El árbol sagrado en el jardín Botánico de Calcuta.
(Todo eso es un solo árbol)

Tronco principal de la higuera de las pagodas.





Secuoyas californianas

Una de las obras de la naturaleza que inspiran mayor admiración son los árboles gigantescos que crecen particularmente en las vertientes occidentales de la Sierra Nevada, en California (Estados Unidos), últimos supervivientes de una venerable y antigua familia de plantas arbóreas, ahora cuidadosamente conservada en parques nacionales. Son los árboles más altos del mundo y, seguramente, los más añosos también. Tienen un promedio de altura de 60 metros y un diámetro de 6 metros en la base del tronco, pero son numerosos los ejemplares que sobrepasan los 100 metros y que llegan a superar los 9 metros de diámetro en la base. Gracias a los anillos que se forman anualmente en su madera puede calcularse la edad de estos árboles, comprobando que sobrepasan largamente los 3000 años. Algunos botánicos aseguran que estos gigantes pueden prolongar sus existencias hasta los 3500 y 4000 años-
Algunos de estos árboles se destacan sobre los demás por sus extraordinarios desarrollos.
Uno de los más famosos es el llamado "Grizzly Giant", en Yosemite; junto al suelo el tronco tiene 30  metros de circunferencia y se levanta recto y desnudo, con la copa destrozada, mudo testigo de los siglos y de las tormentas que ha resistido. Otro árbol conocido, la secuoya de Wawona, del parque nacional de Yosemite, tenía un túnel en su base por el cual podían pasar los automóviles. 
El nombre secuoya (Sequoia) se le dio en homenaje a un indio cheroquee, llamado así, que ideo un alfabeto fonético que permitió a los niños de su raza aprender a leer y a escribir y obtener los beneficios de la instrucción.

El "Grizzly Giant", en el parque Yosemite.
Algunos botánicos aseguran que la aseguran
que la sequoia alcanza hasta 4000 años de vida.




Eucaliptos australianos

Sólo dos árboles, entre los colosos del reino vegetal, superan en talla a los magníficos eucaliptos gigantes de Australia: el pino de Oregón o de Douglas (del que se ha medido un ejemplar de  116 metros) y la anteriormente descrita secouya californiana. Los eucaliptos pueden codearse perfectamente con esos colosos, ya que alcanzan la nada despreciable altura de 105 metros. En Australia, estos colosos crecen formando espesos y magníficos bosques.

Hay ejemplares de eucaliptos australianos
que sobrepasan los 100 metros.




El ombú

No es verdaderamente un árbol, sino un arbusto gigantesco. Las ramas crecen casi desde el suelo y en todos los sentidos, formando una umbrosa y amplísima superficie de sombra. Suele alcanzar alturas de 20 ó más metros. Es, eminentemente, un árbol de sombra, ya que su follaje es espeso y fresco, y su leño no produce otro tipo de utilidad, pero se destaca en el infinito paisaje de la pampa argentina como un majestuoso oasis de fresca sombra.

Ombú





Los árboles: testigos del paso de los siglos y de los hombres

Si los casos de gigantismo en algunas especies arbóreas nos parecen extraordinarios, no son menos admirables los casos de longevidad en algunos seres vivientes. Secuoyas con edades determinadas en más de 3000 años, olivos que han pasado largamente los mil, robles centenarios, pinos con el tiempo doblando sus ramas, son árboles que han sido testigos inmutables de hechos gloriosos o de escenas históricas, y que reciben el recuerdo y el respeto de una humanidad que se conmueve al saberlos identificados con la historia.
Tal es el caso de los árboles del huerto de los olivos, en Getsemaní, cuyos descendientes se conservan aún; el árbol sagrado de la India, bajo el cual, según la leyenda, Buda recibió la inspiración; el olmo de Washington, en Cambridge, donde Washington recibió el mando del ejército norteamericano; el pino de San Martín, bajo cuya sombra el ilustre libertador redactó el parte de la victoria de San Lorenzo; el roble real, que dio asilo a Carlos II después de haber sufrido la derrota de Worcester; el árbol de la noche triste, donde, según la leyenda, Hernán Cortés lloró la derrota que le causaron los aztecas en 1520; el árbol de Guernica, símbolo del pueblo Vasco, supervivientes del terrible bombardeo que arrasó a Guernica en la guerra civil española.

Huerto de los olivos, en Getsemaní.




En el cuadro podemos observar las alturas comparativas de
diversos árboles, cuyas dimensiones los califican como
verdaderos gigantes vegetales.