martes, 8 de diciembre de 2015

Las coníferas: Los árboles de Navidad

El árbol de Navidad cargado de adornos y regalos es uno de los símbolos tradicionales de la Navidad. Junto con el Nacimiento, preside en todos los hogares las alegres celebraciones. La costumbre de engalanar un arbolito se remonta a épocas paganas, ya que los pueblos de Europa Central acostumbraban hacer ofrendas de ramas y frutos a sus deidades, pero adquiere importancia en la Edad Media, durante la representación de los "Misterios". En ellos se tocaban temas religiosos, como la Creación, la expulsión de Adán y Eva del Paraíso y la Redención, con el nacimiento, muerte y resurrección de Cristo. El árbol, símbolo del Edén y, al mismo tiempo, de las dádivas del Creador, aparecía en esas representaciones y desde entonces fue popularizándose en Europa y luego en América y el resto del mundo.
¿Por qué se utilizaron las coníferas, principalmente pinos y abetos, para colocar los regalos navideños? En realidad no se sabe con certeza, pero es posible que hayan contribuido a ello su forma piramidal, su resistencia y, sobre todo, su abundancia en esas regiones de Europa.


Las coníferas son plantas muy antiguas y propias de regiones
frías, ventosas y secas. Por ello constituyen un maravilloso
ejemplo de adaptación para resistir condiciones muy adversas.

Una familia de longevos y gigantes

Las coníferas, llamadas así porque las flores femeninas se agrupan formado un cono, son plantas con flores (es decir, fanerógamas), del grupo de las gimnospermas, palabra que significa "semilla desnuda". En estos vegetales las flores son rudimentarias y los óvulos están al descubierto; por lo tanto, también lo están las semillas. Entre las gimnospermas se encuentran los árboles de mayor tamaño, como las sequoias, que miden unos 100 metros de altura y unos 12 de diámetro y viven más de 4000 años. Los pinos, abetos, araucarias, alerces, cipreses, son árboles que pertenecen también a este grupo.


Flor masculina


Flor femenina


El dibujo 1 muestra el corte longitudinal de una flor masculina;
el 2, una flor masculina con sus estambres; el 3, el corte de un
estambre; el 4, una inflorescencia femenina o piña; el 5, una flor
femenina por su cara interna, y el 6, la misma por la cara externa.



Flores simples, pero gran aparato vegetativo

Las coníferas tienen flores simples, casi insignificantes, incompletas, y, por ello, poco atractivas. Pero en cambio poseen muy desarrollados los restantes órganos: las raíces, el tallo y las hojas. La raíz penetra en el suelo como un pivote y a gran profundidad, lo cual le permite al pino, por ejemplo, fijarse bien y resistir los fuertes vientos y el peso de la nieve. Además de la raíz principal, existen raíces secundarias que se ramifican y forman como una red que fija los terrenos flojos. Por eso se utilizan las coníferas para fijar los médanos o dunas formados a orillas del mar. El tallo es grueso y leñoso, y en él se advierten claramente anillos concéntricos  que indican el crecimiento y, por lo tanto, la edad del árbol.
En el tronco se insertan ramas largas recubiertas de pequeñas escamitas, en cuyos ángulos se implantan ramas cortas. En el pino silvestre, por ejemplo, las ramas largas se disponen en verticilos. La planta origina un verticilo por año . Las ramas de cada verticilo son siempre más cortas que las del verticilo anterior; por eso la copa adquiere la forma cónica que le es característica.
Las hojas son largas y en forma de aguja, lo que constituye una adaptación al ambiente frío, ventoso y muy seco. De esta manera reducen al mínimo la evaporación y soportan mejor el peso de la nieve. Las hojas viven tres años, pero como se renuevan parcialmente, la planta ofrece siempre un aspecto verde.





La inflorescencia femenina o piña se abre al
madurar y deja salir las semillas

Dos tipos de flores

Las coníferas son vegetales que en una misma planta tienen dos tipos de flores; femeninas y masculinas; por esto se dice que son monoicas. Las flores femeninas se disponen en espiral a lo largo de un eje, formando una inflorescencia cónica (de allí el nombre de coníferas) llamada piña. La flor no posee cáliz ni corola y es tan simple que lleva los dos óvulos descubiertos implantados en una especie de hoja abierta. Cada flor femenina se halla protegida por una escama o bráctea que, después de la fecundación, se endurece y se torna como un leño. La flor masculina no tiene cáliz y sólo presenta una hojita escamosa, la cual contiene dos sacos con polen. Al madurar, éstos se abren y permiten la salida de gran cantidad de polen, que es dispersado por el viento.
Es necesario distinguir bien que los conos que aparecen son diferentes según sean masculinos o femeninos. Los primeros son solamente flores; en cambio, los segundos son inflorescencias o grupos de flores.
Las flores femeninas se implantan también en espiral; después de la fecundación, las brácteas segregan resina y se pegan por los bordes al eje de la piña. De esta manera protegen a la semilla que se ha formado. pero esta semilla esta cautiva durante tres años, al cabo de los cuales pueden salir cuando las brácteas secas se abren. Cada semilla está provista de una pequeña alita y así es más fácil que la impulse el viento, facilitando su dispersión a regiones lejanas.


Esquema del ciclo reproductivo de un pino. El viento lleva el
polen hasta el óvulo de la flor femenina. Al fecundarlo da origen
al embrión de la semilla, de la que nacerá una nueva planta.
Fuente de la imagen

Una familia muy útil

Las coníferas constituyen una familia muy útil al hombre. El leño esta atravesado por muchos conductos que transportan resina; si se hace una incisión en el tronco se recoge abundante resina, que puede ser empleada en la fabricación de barnices, trementina, etc. La madera, muy apreciada en construcción y ebanistería, se usa especialmente para fabricar pasta de papel y cartón, y por último, hay que destacar el valor ornamental de las coníferas y su rara belleza, que en parques, jardines o bosques nos hacen evocar el cálido espíritu de la Navidad.


Si se hace una incisión en la corteza del pino se
obtiene resina, con la que se fabrican barnices y
otras sustancias.


Piña y hojas del cedro, conífera como el pino y el abeto.


En todo el mundo el arbolito de Navidad, lleno
de adornos y regalos, reúne en torno de él a la
familia en estas gratas celebraciones. 

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