sábado, 4 de noviembre de 2017

El cerebro

La única computadora creadora

El cerebro humano es el órgano en que se elaboran las facultades intelectuales que diferencian al hombre del resto de los seres vivos, el pensamiento creador, la memoria, la capacidad de análisis y síntesis, además de los sentimientos, las emociones y la voluntad. Coincide con el cerebro de los demás animales en su capacidad de exploración y comprensión vital del mundo que nos rodea, en sus acciones instintivas de mantenimiento de la especie, pues con él se comunican: el Sistema Nervioso de Relación, que recibe la información a través de los sentidos y maneja la capacidad motriz del ser vivo y el Sistema Neurovegetativo que las recibe del funcionamiento del propio organismo, siendo capaz de su regulación automática.
En el adulto, el cerebro pesa poco menos de 1 kilogramo y cuarto, más o menos igual a las notebooks más ligeras de hoy en día. Pero, además, la más perfecta computadora es incapaz de resolver problemas imprevistos, crear algo o tomar decisiones ante nuevas situaciones, en forma constate e inagotable como lo hace el cerebro humano.

Albert Einstein, una de las mentes más brillantes del siglo XX.



¿Dónde se ubica este prodigio?

El cerebro forma parte del Sistema Nervioso Central junto con los péndulos cerebrales, el bulbo raquídeo, el cerebelo y la médula ósea, conjunto de órganos encargados de ponernos en relación con el medio que nos rodea. Como es un órgano extraordinariamente delicado, la naturaleza le brinda especial protección, resguardándolo por medio de los huesos del cráneo -que forma una resistente coraza- y por tres membranas llamadas meninges que lo envuelven delicadamente, entre las que existe un líquido, el cefalorraquídeo, que le presta un excelente medio para su funcionamiento, ya que lo aísla de toda influencia peligrosa exterior, le permite una nutrición adecuada y le sirve, también, para amortiguar golpes y sacudidas.

El cerebro se halla bien protegido dentro del cráneo
por los huesos de éste y por tres membranas que
lo envuelven.




El universo inmóvil de velocidad vertiginosa

El cerebro no produce ningún ruido en su trabajo y no tiene variaciones de tamaño, pero aunque permanece inmóvil y silencioso, nunca descansa, pues se mantiene en permanente comunicación con todo el cuerpo mediante un sistema compuesto por más de 13 mil millones de células nerviosas llamadas neuronas, unidad elemental del tejido nervioso; se trata de la célula muy perfeccionada, constituida por un pequeño cuerpo, con un gran núcleo y prolongaciones de su membrana en forma de ramificaciones (dendritas), que le sirven para comunicarse con grupos celulares vecinos, y una larga prolongación ( que puede tener muchos centímetros) llamada axón o cilindro eje, que la pone en contacto con grupos celulares alejados. De estas células, las más perfeccionadas, en las que se elabora la comprensión del mundo exterior y de sí mismo, unos 10 mil millones se encuentran en el cerebro. Hasta durante el sueño recibe y transmite unos 50 millones de mensajes nerviosos por segundo, asegurando, por ejemplo, el mantenimiento de la oxigenación pulmonar o el funcionamiento del corazón, etc.
Como trabaja permanentemente, es un órgano que necesita mucho alimento y consume un 25% del oxígeno de la sangre, que le es provista por una vasta red de vasos sanguíneos. Cuando esta provisión es insuficiente, se producen mareos y pérdidas de la conciencia.

Esquema del cerebro.
Cada grupo de células del cerebro cumple una misión especial; por eso puede
trazarse un verdadero mapa localizando el lugar donde se reciben las sensaciones
o se mandan órdenes a las distintas partes del cuerpo.



Pequeña base de maravillosas operaciones 

La asociación de los cuerpos celulares constituye la sustancia gris, capa externa del cerebro que, dado su enorme desarrollo en el ser humano, se repliega como un papel arrugado, constituyendo las circunvoluciones y, a su vez, los núcleos grises de la base cerebral. El conjunto de los axones de las células de la corteza, recubiertos por una sustancia aislante, la melina (como plástico de los cables telefónicos o eléctricos), que corren a asociarse con todos los confines del cuerpo, constituyen la sustancia blanca del interior del cerebro, al que podemos considerar como la estación terminal de un insuperable sistema de comunicaciones y como la base de operaciones de todas las funciones del cuerpo. En efecto, en él se seleccionan los impulsos que recibe y se desechan los que no son importantes , y de él parten los mensajes a los que se ajustan nuestras actividades (abrir una caja, manejar una máquina, escribir, etc.).

Partes del cerebro




¿Dónde y cómo se fijan las informaciones?

La información recibida se fija, codificada, en una molécula de proteína y así se conserva en el cerebro. Por eso, posteriormente puede ser evocada y reconocida. Lógicamente, allí no termina todo, pues permanentemente interviene la capacidad superior de su funcionamiento: el juicio y el raciocinio. Pero las sensaciones, informaciones, ideas y razonamientos no permanecen aislados, sino que se asocian entre sí: la idea de blanco nos sugiere la de negro (opuestas); la idea de pie nos sugiere otras, tales como zapatos, medias, camino, viaje, etc. (relacionadas). Este proceso - o asociación de ideas- constituye la base del pensamiento.




Semejanza entre el cerebro y la computadora

Así como el cerebro recibe la información y los datos auditivos, visuales, gustativos, etcétera, por medio de los órganos de los sentidos, la computadora recibe la información que necesita por medios digitales, ya sean ópticos o magnéticos. Para reconocer y utilizar la información, el hombre recurre a la memoria, y la computadora se sirve de los datos que tiene almacenados, es decir, los elementos de registro que constituyen una suerte de memoria artificial. Con esos materiales acumulados, tanto el cerebro como la computadora elaboran la respuesta. Los dos pueden resolver problemas matemáticos o de otro tipo y verificar si hay error o no.




Pero el cerebro gana

En síntesis: ambos pueden resolver problemas matemáticos, son capaces de recoger y preparar datos que reciben y escoger los que correspondan a una situación correcta de la que no lo es, y ambos trabajan con circuitos electrónicos (aunque la actividad eléctrica del cerebro es sumamente débil). Además, la computadora es fantásticamente más rápida que el cerebro, pues en un segundo puede realizar cálculos que al hombre o a un equipo de hombres le demandarían años. ¿Por qué su velocidad es mayor? Porque los impulsos del calculador electrónico tienen una velocidad cercana a la de la luz. Pero la computadora es una máquina que no piensa ni crea, como lo hace el cerebro. Tampoco tiene la fabulosa capacidad de almacenar tanta información como el cerebro. ¿Cuántos recuerdos, cuántos datos, cuántas experiencias conservamos en nuestra mente? Se cree que suman 15 mil millones de unidades de información las que tiene la memoria de un hombre de 70 años. Pero, por sobre todo, a las máquinas les falta la característica primordial del hombre: su sentido de conciencia, su facultad de adaptarse constantemente a las nuevas situaciones, de crear siempre algo nuevo a partir de lo conocido y de tener sentimientos. En cambio, la computadora solo puede repetir lo que el humano ha programado para que ella realice.
El ser humano ha creado la computadora, pero nunca una computadora podrá crear un hombre.





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