jueves, 6 de abril de 2017

El oso

Rey del bosque

Desde la más remota antigüedad el oso ocupó un lugar de preferencia en la vida afectiva del hombre. En un mundo donde aún no existían los primates, el hombre consideró al oso como el animal más semejante a él, ya que este plantígrado se erguía y caminaba algunos pasos sobre sus dos patas posteriores. Y así encontramos al oso representado en grabados de las cavernas que habitaron nuestros antepasados cuaternarios, en gran cantidad de leyendas del hemisferio del norte, en la heráldica, en el folclore y en el culto que aún le profesan los asiáticos Ainus.

Osos pardos



Una familia numerosa

Con excepción del oso polar, el resto de los osos viven en áreas templadas y tropicales, y a pesar de la persecución tenaz del hombre (especialmente contra el oso pardo y el polar), aún se extienden en vastas regiones. 
El oso pardo (género Ursus) integra numerosas pero a la vez pequeñas poblaciones muy variables y pertenecen todas a una misma especie: Ursus arctos.
El oso negro americano (género Euarctos) es casi similar al anterior, y la diferencia estriba en el perfil de la cabeza, ya que el borde superior del hocico es ligeramente curvado hacia arriba.
El oso negro tibetano (género Selenarctos) extiende sus dominios desde Persia hasta Assam, China, Japón, Taiwán y Hainan. Algunas razas ostentan una mancha blanca en forma de V en el pecho. El labio superior es blanco, y las garras son cortas y negras. Son más vegetarianos que  otros osos , pero también comen, igual que ellos grandes cantidades de insectos y de miel.
El oso de anteojos (género Tremarctos) habita en el macizo andino. Es pequeño y ágil, y se caracteriza por su color negro con manchas redondas amarillas al rededor de los ojos, y algunas  veces en el hocico.
El oso malayo (género Helarctos) se encuentra desde el Himalaya hasta China; hacia el sur, en Birmania, Indochina, Malasia e, inclusive, en la isla de Borneo. Es de otro color negro, con el hocico claro, y con una mancha amarilla en forma de anillo en el pecho. Es de estatura pequeña, y la cabeza es corta, ancha y plana. Es un gran trepador de árboles.
El oso bezudo (género Melursus) es oriundo de India y Sri Lanka. Es un gran insectívoro, y una de sus características primordiales son sus anchos labios. Es de pelaje negro son sus anchos labios. Es de pelaje negro, pero, curiosamente, el rostro es lampiño. Las garras son blancas, así como también una mancha en forma de v que posee en el pecho.
El oso polar (género Thalarctos) es el que más se diferencia de todos los demás. Sus dominios son todo el océano Ártico. Es un excelente cazador, y sus presas más codiciadas son las focas, aunque también come algas y algunos vegetales terrestres. Al contrario que el oso pardo, mata mordiendo, en tanto éste lo hace golpeando con su pata delantera.

Aquí están representados seis de los siete géneros de la familia de los úrsidos.
1- Oso pardo; 2- Oso polar; 3- Oso Malayo; 4- Oso negro americano;
5-  Oso negro tibetano y 6- Oso de anteojos (Oso andino) 




Morada y costumbres

Pocas veces el oso se pone de pie, ya que solamente lo hace para escudriñar algo que se oculta en la vegetación. Generalmente se lo encuentra sentado, como lo hacen los seres humanos o los perros, razón por la que siempre busca suelos de naturaleza mullida, húmedos, formados por espesas capas de humus, donde puede desenterrar cebollas silvestres, bulbos y apetitosas raíces.
No soporta el calor muy intenso, ni la dura sequía ni la falta de bebederos. Al acostarse, elige lugares frescos y, en lo posible, secos. Necesita musgosos tapices donde hallar insectos y gusanos; rehúye la luz intensa porque ella disminuye su ya débil agudeza visual y busca la penumbra del bosque o el refugio de algún matorral al mediodía.
El oso muestra particular preferencia por los terrenos que le facilitan estas condiciones y que, al mismo tiempo, sean accidentados; así es más difícil la llegada del hombre a su territorio. Y con respecto a ello digamos que, generalmente, el dominio de un oso pardo (que tomamos como ejemplo) no excede los 20 kilómetros cuadrados. Los árboles de dicha zona son marcados a zarpazos como un sello de propiedad territorial. Sin embargo, no es tan celoso custodio de ella porque puede llegar a compartirla con otro oso.
Una de las características de este simpático rey del bosque es su ávido gusto por la buena mesa. Y tal como lo indica un viejo refrán: "Goloso como un oso", es capaz de arriesgarse con tal de saborear un rico manjar, y más de una vez, con sigilosa astucia, ha penetrado en las casas vecinas a las zonas donde él habita para darse un banquete.
Sus alimentos preferidos son la miel -es un experto catador de colmenas-, frutos diversos, bulbos, bayas, hongos, los micromamíferos, aves e insectos; utilizando sus zarpas delanteras, también logra pescar truchas y salmones, y cuando la oportunidad lo permite abate de un certero manotazo ovejas o algún ternero.
También los cereales figuran en la lista del gente "gourmet": trigo, centeno, cebada, avena y maíz son consumidos ávidamente.

La zarpa del oso parece tosca, pero puede
 usarse como la mano.

Las zarpas le ayudan a trepar a los árboles
y a dejar señales en los troncos.




La consigna del invierno: dormir

El refugio que utiliza el oso para su largo sueño invernal lo elige con sumo cuidado, dotándolo de todas las comodidades posibles. En los Pirineos, por ejemplo, busca las grutas naturales ubicadas entre 1000 y 1700 metros y orientales hacia el bosque, lo cual hace más difícil el acceso del hombre a ellas. Si la entrada es demasiado grande, el oso teje un tramado de ramas de pinos y hayas, todo calafateado con musgo. A veces, coloca un obstáculo a modo de puerta, que pone o retira cuando sale o entra. En el interior de la cueva practica una excavación no muy profunda. que llena de musgo, hojas secas y mullidas hierbas. Extraordinariamente pulcro, nunca hace sus necesidades fisiológicas dentro de su habitáculo.
Cuando el oso no encuentra una cueva apropiada para dormir durante el invierno, generalmente lo hace en un tronco hueco, el cual acondiciona con ramas secas, formando un verdadero iglú.
Al comenzar la hibernación, el oso está gordo, ya que, con gran sentido de la previsión, ha almacenado en su organismo buena cantidad de alimentos. Luego, entra en un estado en que todas las funciones se reducen al mínimo, inclusive la actividad del corazón y la respiración. La temperatura del cuerpo desciende, y lo más particular de este proceso de alargamiento es el metabolismo de las grasas acumuladas, que proporcionan al cuerpo la energía necesaria para subsistir tanto tiempo sin ningún tipo de alimentación.
Hacia el final de la hibernación, en marzo, se produce la muda del epitelio plantar, razón por la cual el oso lame continuamente las plantas de sus extremidades. Muy enflaquecido por semejante ayuno, se dedica con inusitado apetito a la búsqueda de sus presas preferidas y de los vegetales que tanto estima.

El oso usa sus zarpas como si fueran manos. Con ellas atrapa sus alimentos
y los lleva a lo boca.



La vida en familia

Cuando nace, el osezno es un ser minúsculo, y sólo al mes de vida comienzan a delinearse sus clásicas formas, durante ese lapso anterior, pesa menos de 400 gramos y mide unos 22 centímetros. El pelaje es muy escaso, carece de dientes y es ciego. Pero una vez más la sabia naturaleza nos da una explicación de esto que pareciera un hecho curioso: el osezno está adaptado a la hibernación maternal, ya que si naciera de un tamaño normal agotaría a la madre al amamantarse en una época en que ella no ingiere alimentos. De allí su enanismo.
Al llegar la primavera, la osa abandona a sus pequeños hijos para salir a comer. Este es el período más grave por que atraviesan las crías, ya que quedan a merced de los típicos depredadores: lobos, zorros, linces, gatos monteses e, inclusive, algunos mustélidos.
Al crecer los pequeños oseznos comienzan a desenterrar raíces y bulbos, pero cuando cometen algún error, como, por ejemplo, pretender adelantar a su madre, reciben un fuerte y aleccionador manotazo junto con un severo gruñido de advertencia.
Mamá osa, que es pródiga en cariño con sus hijos, también puede serlo con los ajenos, muchas veces, pequeños oseznos perdidos son aceptados por ella y pasan a integrar la familia.
La mayor parte de la vida del osezno está dedicada al juego, en el cual demuestra un raro y agudo ingenio. Así, en las montañas es posible ver cómo los más grandes eligen una pradera de pendiente pronunciada y, haciéndose un ovillo, con la cabeza entre las patas, comienzan a rodar; una vez abajo, suben corriendo nuevamente para repetir el juego.

Cría de oso panda.
Parece increíble que este animal tan grande sea tan pequeño al nacer.
En efecto, el osezno pesa menos de medio kilo y mide unos 22 cm.

Mamá osa y osezno.


El oso que no es un oso

El llamado oso hormiguero no es, en realidad, un oso. Se lo denomina así por su pelaje largo y espeso y por la facilidad con que se alza en dos pies, como el oso, pero pertenece a un orden de mamíferos muy distinto: el de los desdentados. El calificativo de hormiguero se debe a que sólo come insectos y, sobre todo, hormigas y termes.
Pero lo que si hay son osos bailarines, osos luchadores, osos "artistas de circo" y algunos de ellos son verdaderos anfitriones, ya que reciben a los turistas que visitan el Parque Nacionales de Yellowstone con un gesto amigo y casi una sonrisa.



Oso hormiguero.




Osos polares nadando.



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