martes, 6 de octubre de 2015

Cuando una frase se hace célebre

"Comer para vivir, no vivir para comer"

La referencia más antigua respecto de esta frase se remonta al filósofo Sócrates, quien la habría pronunciado, (recuérdese que Sócrates no dejo escrito alguno) hace más de 2300 años. Esto indica que nos viene de muy lejos el pecado de la gula. El consejo se repite en una de "Las Siete Partidas", de Alfonso el Sabio: "Segund dixeron los sabios, el comer fue puesto para vivir, y no el vivir para el comer". También Moliére -años más tarde, por supuesto- recomienda en "El avaro": "Hay que comer para vivir, y no vivir para comer". Como vemos, el hombre sabe muy bien qué normas debe respetar en la mesa.





"El sol será testigo del triunfo de nuestras armas"

En los llanos de Maipú, los dos ejércitos estaban listos para iniciar la lucha: las tropas libertadoras del general don José de San Martín y las del general realista don Manuel Osorio. Y fue en aquel amanecer del día 5 de abril de 1818 cuando el general San Martín arengó a los suyos, diciéndoles: "El sol que asoma en la cumbre de los Andes será testigo del triunfo de nuestras armas".
Palabras más que proféticas, pues con el logro de aquella victoria quedó asegurada la independencia de Chile, y se abrió camino a la independencia del Perú.





"¡Qué artista pierde el mundo!"

Después de ordenar la persecución de los cristianos y el incendio de Roma, y de eliminar a su madre Agripina, a su hermanastro Británico, a sus esposas Octavia y Popea y a su preceptor Séneca, el emperador Dominico Claudio Nerón -quien se llamó así mismo "El cómico coronado"- se hizo dar muerte por un soldado y exclamó antes de morir "¡Qué artista pierde el mundo!". Todas esas barbaridades y algunas más las realizó en solo 31 años de su vida (37-68), y tal vez sea eso lo único que pueda elogiársele: que haya vivido poco.





"El Estado soy yo"

El 13 de abril de 1655, Luis XIV llegó al Parlamento francés con traje de montar y látigo en mano, atuendo que mereció palabras de censura del presidente del Parlamento, quien consideró disminuido el respeto debido al Estado, pero el rey le contestó con suficiencia: "El Estado soy yo". La frase pinta con claridad el carácter absolutista y despótico del monarca, pero no sería justo ocultar que durante su reinado -considerado como el Siglo de Oro de Francia- se destacaron hombres como Corneille, Racine, Moliére, La Bruyére, Boileau, Fenelón, Perrault, La Fontaine, y otros.



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