martes, 27 de agosto de 2019

El día que se acabe el petróleo

El mundo se ha visto recientemente conmovido por las restricciones impuestas en el uso de un precioso elemento: el petróleo. Fue quizás en ese momento cuando los hombres advirtieron cabalmente hasta qué punto la vida moderna descansa en el aprovechamiento del "oro negro".
El consumo de energía aumenta día a día. En el siglo XIX se consumió tanto combustible como todo el usado desde el nacimiento de Cristo, pero en este siglo y en el futuro la demanda será muchísimo mayor.
Sin embargo, todos sabemos que las reservas mundiales de aquel combustible son limitadas. Entonces..., ¿qué sucederá cuando se acabe el petróleo? Urge, pues, encontrar nuevas fuentes de energía para que el mañana no constituya un problema para nuestra civilización.






Un líquido maloliente

En épocas remotas, el petróleo era hallado en algunas vertientes y formaba verdaderos lagos de asfalto en el Oriente Medio, y fue considerado como una grasa de las rocas con escaso valor comercial. Desde época inmemorial, los chinos usaron lámparas de petróleo para alumbrarse. Los egipcios lo empleaban en sus técnicas de embalsamamiento. Las naves de algunos pueblos de la antigüedad eran calafateadas con petróleo. Las piedras del templo de Nabucodonosor están ensambladas con una masa de asfalto. Durante la Edad Media se lo empleó como medicamento. Pero la mayoría lo consideraba un líquido maloliente.


En la antigüedad, los chinos usaron petróleo para alumbrarse; los egipcios, en sus
técnicas para embalsamar momias. También se empleó para ensamblar piedras y,
en la Edad Media, como medicamento.




Un mundo paralizado

Fue la invención del motor de explosión, a fines del siglo XIX, lo que otorgó al petróleo el papel principal, desplazando al carbón. Millones de vehículos se mueven hoy gracias al petróleo, pero su aprovechamiento no se reduce exclusivamente al transporte. De él se obtienen muchos subproductos: gases para calefacción y alumbrado, disolventes, naftas (o, más correctamente gasolina) para motores de explosión, querosene, gasoil para motores diésel y calefacción, breas, betunes, alquitrán (empleados en la construcción de carreteras), aceites pesados y aceites lubricantes. Agreguemos a esto que diversos subproductos son empleados para la fabricación de todos los materiales plásticos, algunas medicinas, componentes alimenticios, ceras, parafinas, etc. La enumeración puede resultar fatigosa, pero explica por qué el petróleo es llamado "oro negro".
El petróleo mueve los transportes terrestres, marítimos y aéreos, la producción de la industria pesada y liviana y la del campo. A él se deben nuestra calefacción y vestimenta, piezas de nuestro hogar y parte de nuestras medicinas. Sin petróleo, el mundo quedaría paralizado.



Una apasionante búsqueda

Todos los países del mundo se interesan por la apremiante búsqueda de nuevas fuentes de energía. Además de realizar exploraciones para localizar nuevas reservas de los combustibles tradicionales, tratan de hacer de éstos un uso más racional. Se sabe que esas reservas se agotarán en un plazo no muy lejano, al tiempo que se acrecientan las necesidades por el incremento de las maquinarias y de las industrias. Cálculos poco optimistas afirman que las reservas de petróleo apenas si alcanzarán hasta algo más del años 2000. Es, en verdad, un plazo breve. El agotamiento de muchos pozos comunica una sensación de desaliento; el hallazgo de otros yacimientos insospechados inyecta nuevas esperanzas. Con todo, no resulta difícil prever su agotamiento final. Durante miles y miles de años la naturaleza elaboró el petróleo; en algo más de un siglo, el hombre, entusiasmado por sus beneficios inmediatos, lo ha usado indiscriminadamente y ha terminado casi por agotarlo. Debido a ello los trabajos que realizan actualmente los hombres de ciencia están dirigidos a otras fuentes de energía: 1) la hidráulica, 2) la atómica, 3) la solar, 4) la de las mareas.



La energía perpetua olvidada

El hombre antiguo también supo utilizar la fuerza de la corriente de los ríos para mover algunas máquinas rudimentarias, como los molinos, o elevar pesadas puertas de castillos, pero debieron transcurrir muchos siglos hasta que la técnica le permitiera transformar el paso continuo del agua en energía eléctrica; de aquí a la obtención de energía hidroeléctrica aprovechando las caídas de agua naturales o de grandes diques hay un solo paso. Pero debido al entusiasmo del uso del petróleo, ella fue "olvidada" por muchos años, y sólo cuando el encarecimiento de los combustibles obligó a pensar en otros métodos de obtener energía fueron surgiendo represas en los ríos y usinas que suministran ese maravilloso poder que es la corriente eléctrica. Esta forma de obtener energía es compleja en su planificación y de elevado costo inicial (deben construirse diques y turbinas, regular el curso de los ríos, etc.), pero una vez terminada, la obra es muy barata y prácticamente eterna. 

Primitivamente, el hombre descubrió que la fuerza del viento y la corriente
de los ríos servía para mover máquinas rudimentarias.




La energía de los pequeños mundos

Hace ya algún tiempo que el hombre cuenta con un maravilloso auxiliar: la energía del átomo. Si: en el dominio de ese diminuto mundo del átomo se abren insospechadas perspectivas, y ya hay varias centrales eléctricas atómicas en funcionamiento. Estas se componen en una pila o generador atómico que produce energía calórica, la que se convierte en energía eléctrica. Por ahora, la construcción y el mantenimiento de esas centrales resultan muy costosos. También la energía atómica puede transformarse en fuerza motriz; por ejemplo, para la navegación. Ya existe buques y submarinos atómicos, que requieren una cantidad muy escasa de materia desintegrable para recorrer enormes distancias.
No es aventurado suponer que funcionarán automóviles atómicos, que se encuentran actualmente en experimentación. Se calcula que el aprovechamiento directo de un solo gramo de uranio aplicado al motor de un automóvil podría permitir que éste realizara viajes entre Europa y América sin reabastecerse.
El descubrimiento más fascinante de nuestro siglo ha sido, pues comprobar que con el átomo, esa pequeñísima porción de materia se puede producir una gran cantidad de energía. Según el tipo de átomos, la energía se produce por fisión de los núcleos pesados o por fusión de los núcleos ligeros.



Energía atómica por fisión

Esta la producen aquellos átomos que en su núcleo tienen muchos protones o neutrones, como ocurre con el uranio. Cuando se consigue romper el pesado núcleo de un átomo de uranio, a su vez se desprenden neutrones que rompen a otros núcleos, y así sucesivamente. Se produce entonces lo que se llama reacción en cadena, que es tan rápida que parece que todos los átomos se rompieran a un mismo tiempo, pues estas partículas viajan a la velocidad de la luz. Se libera entonces una gran cantidad de energía (la que mantenía unidos los componentes nucleares), que eleva la temperatura a 100.000 grados centígrados. En este fenómeno se basa la bomba atómica.
Si bien la energía que se desprende de este proceso es enorme, se presentan dos inconvenientes: la relativa escasez sobre la corteza terrestre de los materiales fisionables, y los subproductos radioactivos residuales que contaminan la atmósfera.



Un nuevo sendero: el de la paz 

Los efectos de la reacción en cadena son trágicos si no pueden ser controlados; por eso los sabios se consagraron a producir una fisión o ruptura ordenada. Consiguió este milagro el físico italiano Enrico Fermi (Premio Nobel de Física en 1938), quien, en 1942, construyó la pila atómica o reactor nuclear.
La energía atómica ya se está empleando con fines pacíficos: en 1954 se botó el primer submarino atómico, el "Nautilus"; dos años después en Gran Bretaña se inauguró la primera usina para producir electricidad con un reactor nuclear, y en 1962 hizo su viaje inaugural el "Savanaah", primer barco mercante con propulsión atómica. En la Argentina se ha construido la Central Atómica de Atucha, y otras se están construyendo en varios países del mundo.

"Nautilus", primer submarino atómico.

Enrico Fermi.




Energía atómica por fusión

Los átomos de elementos ligeros se comportan de manera diferente a los átomos de los elementos pesados. Bajo ciertas condiciones físicas, los núcleos tienden a unirse o fusionarse, creando un nuevo átomo. Es lo que ocurre con el hidrógeno. Dos núcleos de hidrógeno producen un solo núcleo de helio, y al hacerlo liberan una gran cantidad de energía. Este fenómeno se produce en el interior del Sol y es lo que origina su formidable poder.
Cuando dos núcleos pesados se fisionan se obtiene una transformación de masa en energía del orden del 0,1%. En cambio, los núcleos ligeros, al fusionarse para formar un núcleo más pesado, liberan por pérdida de masa un 0,7% de energía; la diferencia es, pues, notable. Para entender este fenómeno debemos recordar que nada se pierde en el Universo, todo se transforma: la masa en energía y viceversa.
Los hombres de ciencia trabajan para poder controlar la fusión termonuclear del hidrógeno, elemento abundante en los mares y, por ello, de inagotable obtención. El control es fundamental, pues la fusión natural produjo nada menos que la bomba de hidrógeno (hecha estallar en 1952) y cuyo poder resultó superior al de la bomba atómica.




El sol, permanente fuente de energía

El calor del Sol no procede de una combustión (el Sol no arde como un leño), sino que procede de la fusión, de la unión de elementos ligeros con pérdida de masa y producción de energía. Es decir, lo que el hombre ha comenzado a lograr en pequeña escala (obtener de la materia una gran cantidad de energía) lo realiza el Sol en su interior desde hace millones de años. Y en él están puestas las esperanzas del futuro en cuanto a fuente de energía. Ya se ha empleado para cargar las baterías de los satélites artificiales y otros aparatos.
El conjunto Tierra-atmósfera recibe del Sol, términos medio, dos calorías por minuto y por centímetro cuadrado de superficie. La energía ha sido calculada en 1,36 Kwh por metro cuadrado. Pero la dificultad está en captar esta energía que llega en forma difusa y se dispersa considerablemente en los gases de la atmósfera. Hay que recorgerla y concentrarla, lo que demanda operaciones sumamente costosas.Sin embargo, ya se han construido hornos solares, y en Francia, en la región de los Montes Pirineos, donde la atmósfera es más tenue, se levanta uno de esos hornos que tiene 3500 espejos que concentran los rayos del Sol en una pequeña superficie y producen una temperatura de 6000°C en su punto focal.

Horno solar




La fuerza de las mareas

Las mareas son provocadas por la fuerza de atracción que ejercen la Luna y, en menor escala, el Sol, y se traducen en ascenso y descenso de las aguas dos veces por día. En las costas de los océanos abiertos, el fenómeno es mucho más sorprendente que los mares cerrados, donde apenas se percibe: en  la bahía de Fundy (Nueva Escocia, Canadá) el flujo llega a los 16 metros; en cambio, en el Mediterráneo no llega a un metro.
Actualmente los ingenieros están experimentando con sistemas que permitan utilizar la formidable energía que encierran estas enormes diferencias de alturas y el empuje de la gran masa de agua que avanza sobre las costas para mover turbinas y generar electricidad.
En Francia y en Estados Unidos ya se están utilizando las mareas con fines energéticos.

Energía mareomotriz.





Mientras tanto ...

Mientras tanto, el hombre usa y malgasta el petróleo, pero por el camino de la ciencia y la tecnología hallará la solución del problema que planteará, en un futuro más o menos cercano, la falta de los combustibles tradicionales.
Quizá nuestros hijos podrán ya revelar la gran incógnita: cómo será un mundo sin petróleo.




domingo, 28 de abril de 2019

El misterio de la migración de las aves

Uno de los más fascinantes misterios del mundo animal son las migraciones de las aves, que constituyen un fenómeno tan enigmático como apasionante. Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha intentado explicarlo y, para ello ha esbozado las más distintas teorías.
Los hombres de ciencia han estudiado pacientemente las causas que impulsan a algunas aves a emigrar todos los años de una región a otra de la Tierra, afrontando graves riesgos.
para ello se reúnen en grandes bandadas y emprenden el vuelo en busca de lugares más favorables para su vida. A veces los viajes son tan largos, que van de un polo a otro.




De extremo a extremo del continente

Entre las aves más viajeras figuran el charrán ártico, el chorlo dorado y el chorlo pampa. Este último hace su nido en las costas americanas del océano Glacial Ártico, y desde la península de Labrador, en Canadá, emprende viaje hacia el sur, formando grandes bandadas. Generalmente hace un alto en las Antillas y luego prosigue su trayecto sin detenerse hasta que llega, a principios de septiembre, con el comienzo de la primavera, a las pampas argentinas. Allí permanece hasta principios de abril, para realizar nuevamente su viaje de retorno, cuya distancia es de 15.000 kilómetros. Su sentido de orientación es tan admirable, que vuela sin descansar ni de día ni de noche y sin perderse entre ambos hemisferios.



¿Por qué emigran?

Muchos ornitólogos sostienen que las migraciones obedecen a las variaciones de presión y electricidad en el ambiente, pero cuando esta teoría ha querido confirmarse mediante el uso de aparatos de medición ultrasensible, no se han logrado resultados muy positivos. Por otro lado, no se ha podido determinar con qué parte o "aparato" de su organismo las aves pueden registrar esos cambios. También se ha hablado de una "memoria heredada" o de que vuelan en busca de alimentos. Lo cierto es que las explicaciones sobre los viajes de las aves o los intentos de determinar las leyes que den una respuesta científica aceptable han fracasado. Y aún hoy, en que la ciencia ha avanzado hasta llegar a conquistar la Luna, las respuestas a esos interrogantes no han pasado de diversas teorías que, si bien serias, no dejan de ser conjeturas.



Las formaciones de vuelo

Para realizar sus viajes, las aves migratorias adoptan diferentes formaciones de vuelo. Las cigüeñas y las grullas, por ejemplo, vuelan en ángulo, guiadas por un "jefe" de grupo. Cada tanto, el "jefe" es reemplazado por otro compañero. Estas formaciones tienen por finalidad evitar el cansancio y ahorrar la mayor cantidad de energía posible al tener que "cortar" el viento.

Formación en V

Formación en bandada



Las estaciones biológicas y el trabajo de los científicos

Para conocer el rumbo que toman las aves, el tiempo de vuelo que emplean en sus viajes, la altura a que vuelan, las horas en que se desplazan (por la mañana, por la tarde o por la noche) y para reconocer los ejemplares que salen y los que llegan, los científicos utilizan la práctica de colocarles cintas numeradas en las patas. Este trabajo se realiza en lugares llamados estaciones biológicas, que están distribuidas en distintas partes del mundo; allí se capturan las aves por medio de redes, se les colocan las cintas y luego se las deja nuevamente en libertad. En esas estaciones se recogen informes, se reúnen datos y se determinan los viajes de cada especie. Otra forma en que los hombres de ciencia obtienen información sobre las migraciones es realizando expediciones en barco, en avión, a pie, etcétera. 
Así es cómo se ha comprobado que las aves no vuelan, como se creía, en línea recta hacía su destino. Esto es fácil de comprobar viendo las rutas de vuelto. También se ha determinado que las aves migratorias vuelan pausadamente y no desarrollan toda la velocidad de que son capaces. Muchas vuelan a baja altura, siendo muy pocas las que sobrepasan los 1000 metros. Esto se debe a que, más arriba, el aire se enrarece por la falta de oxígeno.
La mayoría de las aves efectúan sus viajes por la noche; la razón que fundamentaría esta preferencia es que con la oscuridad pueden evitar más fácilmente el ataque de sus enemigos y, en cambio, aprovechan la luz del día para buscar alimento.
Muchos son los peligros que acechan a las aves en vuelo, además de sus enemigos naturales. Miles de ellas mueren en cada emigración tratando de sortear tormentas de viento, de nieve o de agua, pero no solo los elementos de la naturaleza pueden determinar su muerte, también los inventados por el hombre, como los rascacielos, los monumentos, los faros, las luces blancas que las deslumbran, etcétera.

El anillo de reconocimiento es una verdadera carta de identidad.
La sigla y el número que allí figuran corresponden a una ficha
individual del ave, donde están todos sus datos: lugar de captura,
peso, dimensiones, etcétera.



La señal de partida 

Además de los datos conocidos y comprobados fehacientemente con respeto a las aves migratorias, hay muchos otros, y tal vez los fundamentales, que aún siguen en el terreno de las conjeturas. ¿De dónde procede la señal de partida? ¿De alguna perturbación atmosférica? ¿De la luz? ¿Al irse acortando los días? No se sabe aún, pero lo cierto es que la fiebre viajera ataca no sólo a las aves que están en libertad sino a las recluidas en jaulas, que nunca estuvieron libres. Comienzan a aletear intranquilas tras los barrotes, y si se les abre la jaula... ¡vuelan sin error por la ruta prefijada, como en pos de algún rastro desconocido aún para nosotros, hasta la otra mitad del globo terrestre!

Mapa que indica las migraciones de las aves.
Aquí están señalados los extensos viajes que
realizan, algunos de ellos casi desde un extremo
hasta el otro de la Tierra.
Fuente: By L. Shyamal




El zarapito

El capitán Cook, en 1769, encontró a este animal en Tahití, una isla del Pacífico Sur; cinco años más tarde, el mismo pájaro fue visto en la costa de Alaska. Desde entonces hasta casi 1950, los científicos no estuvieron muy seguros del largo viaje de esta ave zancuda, el zarapito, que volaba desde Tahití hasta Alaska para criar allí a sus hijuelos. 

Zarapito real



Los chorlitos dorados de América

Los chorlitos dorados de América, que tienen su patria entre la península del Labrador y Alaska, emprenden su viaje en otoño, pero toman distintos rumbos. Los que anidan en la parte oriental se dirigen hasta Escocia y luego siguen la corriente cálida del Golfo hasta Guayana. En este trayecto a través del mar recorren ¡más de 3000 kilómetros sin descansar!. ¡Un viaje realmente agotador! Sin embargo, para ellos no parece ser así porque continúan su itinerario cruzando los países sudamericanos de Venezuela, Brasil y Chile hasta la Patagonia. En marzo vuelan de regreso al norte, pero siguen una ruta distinta de la que tomaron en otoño; en lugar de volar sobre el Atlántico lo hacen a través del continente, con rumbo noroeste, cruzando luego el golfo de México y siguiendo hasta Canadá.
Los chorlitos que hacen sus nidos en la parte occidental de Canadá vuelan hacia Hawaii; luego de un corto descanso siguen por el sur del Pacífico hasta Australia y de allí a Nueva Zelanda y Nueva Guinea.

Chorlito dorado



Casi de polo a polo

¡Así es! De polo a polo es él largo camino que recorren las cigüeñas de Escandinavia. Van hacia el sur siguiendo los ríos de Alemania, llegan al Mar Negro, atraviesan el estrecho del Bósforo, siguen por la costa de Asia menor, luego el curso del río Nilo y llegan a Etiopía. Aquí descansan y después continúan a lo largo de África oriental hasta el desierto de Kalahari. Si nos tomamos el trabajo de observar el mapa, comprobaremos que han recorrido casi, media circunferencia.



Desde el minúsculo colibrí hasta el pájaro bobo

El colibrí, tan minúsculo que algunos ejemplares no llegan a pesar dos gramos, es sorprendente en cuanto a su resistencia y la energía de que hace gala. Batiendo sus alas frenéticamente, unas 50 veces por segundo , vuela 2000 kilómetros sobre el mar. El colibrí de garganta roja cruza el golfo de México recorriendo más de 700 kilómetros.
La cigüeña blanca arriba a El Cairo a fines de agosto; en septiembre está en Sudán; en octubre en la región de Transvaal y en noviembre en KwaZulu-Natal (Sudáfrica).
La codorniz , que no es buena voladora porque tiene sus alas cortas como las de las gallinas, en invierno vuela sobre el mar Mediterráneo.
También los pájaros bobos emigran. Los de Adelia, que anidan en la Antártida, en el otoño van hacia el norte. Aunque no pueden volar, sí pueden nadar, y pasan el invierno en el mar. Cuando llega la primavera caminan más de 100 kilómetros sobre las aguas congeladas, hasta llegar al lugar donde anidan. El pájaro bobo Emperador también anida en la Antártida, pero en otoño camina hacia el sur y anida en plena noche polar, criando a sus pequeñuelos en lo más frío del invierno ártico. ¡Es admirable la facultad de orientación de las aves migratorias, que no equivocan jamás sus rutas de viaje!

Colibrí




Pingüino
(Antes se le decía pájaro bobo juanito)




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miércoles, 24 de octubre de 2018

El último mono se ahoga

Por fin después de muchas horas de agotadora marcha a través de la selva, el hombre y sus tres hijos llegaron a la margen derecha de un ancho río. Se dispusieron a cruzarlo, cosa que, para ellos, no era ningún problema, pues eran expertos nadadores y diestros en atravesar corrientes rápidas y violentas. Pero antes, el padre quiso poner a prueba la imaginación e inventiva de sus hijos. Dirigiéndose al mayor le dijo:
-Si no supieras nadar, ¿cómo cruzarías?
-Arrojaría al agua cualquiera de esos troncos, me subiría en él y haría que mis manos hicieran las veces de remo, y mis pies, de timón.
-Y tú, ¿qué harías? -le preguntó al segundo.
-Pues, me aferraría a cualquiera de esos camalotes que arrastra el río.
-¿Y tú, hijo? -le dijo al más pequeño.
-Me subiría a la rama más alta del árbol más alto. me colgaría de una liana y me columpiaría. Después dejaría que el impulso del balanceo me arrojase a la orilla opuesta...
El padre, después de un momento, les dijo:
-Las tres soluciones son lógicas y pueden ser practicadas porque son producto de la inteligencia, facultad que nos coloca a la cabeza de los animales que pueblan la Tierra. Y a propósito de la situación que les planteé y de la aplicación de la inteligencia, les voy a relatar una vieja historia... Resulta que un grupo de monos había salido a recorrer la jungla en busca de alimentos, cuando se encontraron  sorpresivamente con que les cortaba el camino un río ancho y profundo. Comenzaron a discurrir sobre la mejor forma de salvar el obstáculo, pero del meollo de los monos no surgía ninguna idea provechosa. Por fin, uno de ellos dijo:
-Tengo la solución. ¿Ven aquel árbol alto?
-¡Sí! ¡Sí! -chillaron los demás.
-Pues bien yo me subiré a la rama más alta y me engancharé con la cola. Con mis manos me tomaré de la cola de uno de ustedes, éste se agarrará de la cola de un tercero; el tercero, de la cola de un cuarto, y así sucesivamente. Una vez que estemos todos bien asegurados, fuertemente asidos, comenzamos a mecernos, a balancearnos... nos moveremos de un lado al otro, cada vez con más fuerza, con más ímpetu. Y cuando sea el momento preciso se soltará el último y el impulso lo llevará a la otra orilla; después lo hará el que le sigue, y así sucesivamente, de a uno por vez.
¡Cómo batieron palmas los monos ante lo que consideraban genial idea de un hermano de preclara inteligencia! Y pusieron manos a la obra: el mono de la idea se subió muy orgulloso a la rama más alta del árbol gigante, se aferró a ella con su cola, y con las manos asió a otro de la cola; así fueron haciéndolo los demás y luego comenzaron a columpiarse hasta que el balanceo fue lo suficiente amplio como para que pudieran ir soltándose de a uno por vez. así, todos cayeron en la orilla opuesta.
¿Todos? No... Hubo uno que no llegó. Precisamente el de la idea... que cuando los demás se soltaron, él también lo hizo, pero el impulso que él tenía no eran tan grande como el de los monos que lo habían precedido, pues estaban muy cerca de la rama... ¡y cayó en medio del río, en lo más profundo, y la corriente se lo llevó!
El padre sonrió, y mientras se disponía a lanzarse al agua agregó:
-Como ven, hay ideas que parecen producto de la inteligencia, pero que no lo son... y suelen costar muy caras.






lunes, 22 de octubre de 2018

Nuestra amiga la cebolla

La cebolla, mudo testigo de la civilización del hombre, lo acompaña y lo alimenta desde épocas remotas. En la gran pirámide de Egipto hay una lápida que data de los tiempos de Herodoto, 500 años antes de Cristo, en cuya inscripción se informa que se han gastado 1.600 talegas de plata en la adquisición de cebollas, puerros y ajos para la alimentación de los obreros que construyeron las enigmáticas pirámides.




C6H12S2: Una vieja fórmula para hacer llorar

Al cortar una cebolla, se desprende de ella una sustancia volátil sulfurada, que es la que le da el olor y sabor característicos, y que irrita las mucosas, haciéndolas lagrimear. 
Para evitarlo, se aconseja en algunos casos lavar muy bien la cebolla o, mejor, cortarla mientras se la mantiene sumergida en agua. De esta manera se evita que el aceite volátil sulfurado que se desprende, y que químicamente se representa con la siguiente fórmula: C6H12S2, llegue a los ojos.



Mitos y leyendas de la cebolla

Desde la antigüedad se le atribuye a la cebolla una serie de propiedades curativas y estimulantes, y algunas de carácter religioso. 
Los druidas, casta de sabios, sacerdotes y magos, que actuaban como ministros de justicia y religión entre los antiquísimos pueblos galos y celtas de la Bretaña, la incluían en sus ritos religiosos.
Algunos pueblos, machacándola con vinagre, la utilizaban para friccionarse intensamente a fin de hacer desaparecer las pecas.
Nerón, el famoso emperador romano, incluía, en sus comidas, cebollas y puerros para mejorar el tono de su voz.



Cultivo y variedades de cebollas

La palabra cebolla viene del latín caepulla. Es una hortaliza oriunda del Asia meridional y de la región mediterránea, y fue introducida en América por los primeros conquistadores. La cebolla (Allium cepa) pertenece a la familia de las liliáceas, y es una planta bienal, de hojas largas y cilíndricas y grandes bulbos comestibles, formados por túnicas carnosas, gruesas, siendo secas las túnicas externas o superficiales. Es muy resistente, y se cultiva en invierno en los países cálidos y en primavera o principios del verano en las regiones más frías. 
Las cebollas que vienen de semilla necesitan tierra suelta, húmeda y libre de malas hierbas. En algunas regiones se fertiliza el suelo con orujos de uva antes de sembrar cebollas.
Las cebollas destinadas al mercado de consumo se reproducen por semillas, aunque también pueden hacerlo por bulbos, con lo que se logran semillas y cebollas tempranas. El trasplante también da cebollas tempranas. 

Las distintas capas que forman el bulbo son, en realidad, hojas que
almacenan sustancias indispensables para la planta.



Añejamiento al aire libre

Luego de recolectadas las cebollas, generalmente en largas filas y en el mismo campo, al aire libre, se dejan curar, secándolas al sol. Este proceso natural es lo que les da su sabor característico, con la presencia de un aceite volátil.




Sus implacables enemigos

Las principales pestes que atacan a la cebolla son: el tizón, pequeño hongo parásito, que lo es también del trigo y otros cereales; el mildiu velloso, hongo microscópico que se combate con caldo bordolés; las cresas de la cebolla, que se combaten con ácido carbólico y abonos cálcicos, y las carcomas, que se pueden destruir con emulsiones de querosene.



Hay quienes aseguran que... 

... las virtudes curativas de que goza la cebolla vienen desde mucho tiempo atrás. 
... para dolor y zumbido de los oídos se solía poner unas gotas de su jugo. También era utilizada en fricciones para combatir el reuma y los dolores de tipo neurálgico; como estimulante del tubo digestivo; para aumentar la intensidad y frecuencia de los latidos del corazón, ingerida en cierta abundancia; para proporcionar un buen sueño; para expulsar los parásitos. Además, hay quienes afirman que poniéndose una cebolla debajo de la axila se evitan los mareos que provoca la navegación. 
... antiguamente se utilizaba, cortada en rodajas, para espantar los insectos debido a su fuerte olor. 
... muchos emplearon una cebolla cruda cortada para limpiar óleos y los marcos a la hoja.
... en materia de cocina, y a fin de emplear la cebolla en comidas, pero si su aspecto común, al freírlas debe agregarse un poco de bicarbonato, lo que las convierte en una papilla compacta. 




Cebollas en clave

Con el jugo de la cebolla se obtiene una tinta muy simpática, es decir, una tinta invisible, de la siguiente manera: utilizando un pincel pequeño o una lapicera de pluma, escribe sobre un papel con el jugo de la cebolla un mensaje. Una vez seca la escritura, pasa el papel rápidamente sobre el mechero de gas encendido o un fósforo, y verás aparecer lo que han escrito en un color marrón.











Contigo, pan y cebolla

Los dichos populares encierran siempre una gran verdad, y como ya desde la antigüedad fue reconocida como un alimento completo, se pensó que con pan y cebolla podía alimentarse una persona, lo cual fue cierto, ya que en muchos países (Egipto, por ejemplo) los esclavos, sometidos a duros trabajos, se alimentaron muchas veces nada más que con estas dos cosas.
Otro de los refranes dice: "A la mañana, pan y cebolla; al mediodía, cebolla y pan, y a la noche, más vale pan y cebolla que acostarse sin cenar"... Lo que demuestra, una vez más, la importancia capital de la cebolla y el pan en los momentos de mayor crisis.
Por último, dijo el poeta: "La cebolla es lo único que es capaz de hacernos llorar sin hacernos sufrir".
Y quizá sea la propiedad de la cebolla de hacer llorar al ser humano lo que hizo nacer en él una consideración especial para esta hortaliza que, por rara coincidencia, es parienta de la hermosa azucena, ya que ambas pertenecen a la familia de las liliáceas.




sábado, 20 de octubre de 2018

Lo que debemos comer

Comer para vivir y no vivir para comer

El ser humano se origina, como todos los seres vivos, a partir de una célula cuya mitad de componentes son provistos por el padre y la otra mitad por la madre; debe crecer hasta llegar, al cabo de varios años, al estado adulto, habiendo multiplicado su volumen inicial millones de veces; debe desarrollar una actividad física, e intelectual acorde con su edad y ocupación; debe mantener su peso y tamaño, y reparar continuamente su organismo ante las múltiples agresiones externas que significan las enfermedades, los accidentes, los esfuerzos, el embarazo, la lactancia en la mujer, etc. El crecimiento, el mantenimiento, la actividad y la reparación se logran con la incorporación de materiales externos que se llaman ALIMENTOS; a semejanza de una máquina, que requiere de metales para construirla, de lubricantes para mantenerla y de combustible para que funcione. 
Los alimentos humanos han variado en las distinta etapas del desarrollo histórico (carnes crudas de pequeños animales, o restos de herbívoros muertos por los grandes carniceros, frutos silvestre, hojas y raíces en etapas prehistóricas, hasta los alimentos desecados y envasados de nuestros días); son también diferentes en distintos climas y países, y en un mismo lugar también varían de acuerdo con las condiciones sociales, ambientales y económicas de los individuos.




El alimento de las plantas, los animales y el hombre

Los alimentos son sustancias que, al ser incorporadas por los seres vivos, les permiten a éstos realizar todos los procesos necesarios para su desarrollo y compensar las pérdidas de energía que ellos ocasionan.
Las plantas verdes tienen la extraordinaria capacidad de elaborar sus propios alimentos, partiendo de elementos minerales simples, disueltos en agua, que toman del suelo, y con la energía solar, en presencia de clorofila, fabrican sustancias orgánicas, asociando, por fotosíntesis, moléculas de agua con anhídrido carbónico y sales nitrogenadas, para constituir hidratos de carbono, aceites y proteínas. Pero los animales y el hombre carecen de esta facultad, y entonces deben tomar de las plantas o de los animales estas moléculas complejas ya formadas.
El hombre es un ser omnívoro, es decir, que puede comer alimentos de origen vegetal (verduras y frutas), de origen animal (carnes, leche, huevos, etc.) y de origen mineral (agua y sales) ; sin embargo, no puede asimilarlos tal como los ingiere. Necesita hacer análisis, es decir, dividir y separar las moléculas compuestas, convirtiéndolas en otras más simples que puedan atravesar las membranas de las células y, al mismo tiempo, le sirvan de base para rehacer moléculas orgánicas más complejas, pero con estructura específicamente humana, que sólo así puede aprovechar.




Clases de alimentos

Según su naturaleza química, los alimentos se clasifican en: hidratos de carbono, grasas y proteínas.
Los hidratos de carbono son sustancias producidas por los vegetales (almidón y sacarosa) o animales, como el glucógeno y la glucosa. Esta última es la forma más simple y soluble de los hidratos de carbono y, por lo tanto, transportable por la sangre. El glucógeno y la glucosa se encuentran en las frutas, hortalizas, azúcar, dulces, harina, fideos, pan, hígado, leche, etc. Su función es esencialmente energética, como el combustible es para los motores. Se los denomina como "el alimento de los músculos", ya que en ellos se queman y por eso deben entrar en mayor proporción en la dieta de los individuos que realizan exclusivamente trabajos físicos.
Las grasas pueden ser de origen vegetal (aceites) o animal (manteca, tocino). Como entran en la formación de las membranas celulares, su presencia es indispensable, además de su función energética, constituye la reserva por excelencia, pues se acumulan en el tejido llamado adiposo. Deben desdoblarse en ácidos grasos para ser absorbidas por la mucosa intestinal.
Las proteínas se distinguen de las anteriores por tener en su molécula nitrógeno, además de carbono, oxígeno e hidrógeno, que constituyen las moléculas de los hidratos de carbono y grasas; para ser asimiladas deben desdoblarse en aminoácidos, que son sus componentes más simples. La función de las proteínas es energética, pero, fundamentalmente, reparadora, generadora de masa corporal; es decir, contribuyen a la formación de las proteínas humanas, al nacimiento de nuevas células y formación de tejido. Por ello son sanas durante toda la vida, y especialmente en los periodos de crecimiento y en situaciones especiales, como el embarazo, la lactancia y luego de operaciones y de enfermedades.





Alimentos indispensables

Además de proteínas, grasas e hidratos de carbono, hay otras sustancias que si bien no proporcionan energía, son absolutamente indispensables para el mantenimiento de la salud, ya que regulan los procesos vitales. Son las vitaminas, así denominadas por el doctor C. Funk en 1911. Se clasifican en vitaminas hidrosolubles, que se disuelven en agua, como las vitaminas del complejo B (B1, B2, B5, B6, B12), C y P, y vitaminas liposolubles, que se disuelven en grasa, como las vitaminas A, D, E y K. Existe también una serie de sustancias minerales que, en grandes o aún en pequeñísimas dosis, son necesarias para el organismo: calcio, sodio, potasio, fósforo, azufre, magnesio, hierro, yodo, cobre, cobalto, etc. El ser humano no puede fabricar estos alimentos ni tampoco almacenar muchos de ellos; por eso debe incorporarlos continuamente con la alimentación.



¿Que debemos comer?

La selección de calidad y cantidad de alimentos es propia para cada persona y debe estar de acuerdo con su tipo físico, actividad, clima que habita, etc. La ración alimenticia es buena cuando asegura el mantenimiento de la salud, el normal funcionamiento de los órganos y de la psiquis, el crecimiento, y, además cuando cubre la pérdida de energía ocasionada por los procesos vitales de cada una de las células.
El valor energético de cada alimento se calcula según el número de calorías que proporciona por gramo. Se entiende por cada caloría una medida de física biológica que equivale a la  cantidad de calor que es necesario producir para elevar en un grado (de 14,5° a 15,5°) la temperatura de un gramo de agua. Así, la combustión de las proteínas suministra 4,1 calorías por gramo, igual que los hidratos de carbono; en cambio, las grasas producen 9,3 calorías por gramo. Se ha calculado que, para mantener su peso, una persona adulta necesita como mínimo 1 g de proteína de buena calidad por kilogramo de peso, por ejemplo, un adulto que pesa 60 kilogramos necesita 60 gramos de proteínas diarias.
Como los alimentos deben proporcionar la energía suficiente para el desarrollo de las funciones orgánicas se considera que la ración mínima para un individuo adulto en reposo y en clima templado es de unas 2.400 calorías, debiéndose agregar 50 calorías por hora de trabajo liviano, hasta 100 para trabajos moderados y unas 200 para trabajos intensos. Todo ello, por supuesto, en forma balanceada.
Podemos citar como ejemplos generales del tipo y cantidades de alimentos básicos diarios, comunes en nuestra canasta familiar y útiles para mantener equilibradamente la salud, los siguientes: 
Pan: 90 g; o cereales: 1/2 taza; o papas: mediana.
Leche: 1 litro para los niños, 400 g para los adultos.
Carne: 100 g (pollo, pescado, vacunos).
Huevo: 1; o queso: 60 g; o manteca: 30g; o flan: 1 unidad.
Vegetales de hoja u otros: 3 platos (1 porción cruda)
Frutas: 2 unidades, preferentemente crudas.
Completar con alimentos que aumenten las calorías (fideos, dulces, azúcar, etc), hasta cubrir las necesidades energéticas según el trabajo.




Variedad: condición esencial 

El aparato digestivo humano es apto para digerir una variedad de alimentos. Cada alimento aporta sólo una parte de las sustancias necesarias para la vida. Por eso la condición esencial de una dieta normal es su variedad. Los alimentos pueden sustituirse, unos por otros, cuando contengan los mismos principios nutritivos; por ejemplo, la carne de vaca puede sustituirse por la de cordero, cerdo, hígado, pollo, pescado, conejo, queso, leche o huevos, pues todos ellos contienen proteínas. Las verduras frescas, así como las frutas, aportan vitaminas, hidratos de carbono y sales minerales; mientras que el aceite, la manteca y los encurtidos suministran grasas. También las verduras y frutas deben ser variadas, pues no todas tienen las mismas vitaminas. Por ejemplo: el durazno, la zanahoria y el zapallo son ricos en vitamina A; en cambio, en los cítricos, lechuga y hortalizas de hojas verdes predomina la vitamina C. El pan, fideos, arroz, azúcar, mermeladas, etc., son ricos en hidratos de carbono.



Cómo debemos comer

El ser humano podría semejarse a una máquina, pero no lo es, no basta suministrarle combustible como alimentos, sino que éstos deben estar convenientemente preparados para que le agraden, distribuidos a lo largo del día para poder mantener su actividad, y además deben ingerirse en una atmósfera tranquila, cordial, para que el aparato digestivo segregue los jugos necesarios para la transformación y asimilación de los alimentos. Es grave error comer apresurado, intranquilo, discutir en la mesa; lo conveniente es descansar antes y después de comer, ya que la fatiga dificulta el buen funcionamiento de los órganos de la digestión.



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jueves, 18 de octubre de 2018

El fuego

Una conquista del hombre

Cuando el hombre del periodo paleolítico, hacia el año 50000 antes de nuestra era, halló la manera de encender voluntariamente el fuego, ignoraba que había dado el paso más importante en su avance cultural. En efecto, no sólo se iniciaría un proceso de cambio en su alimentación, sino también en sus hábitos sociales; haría vida de hogar (vocablo que proviene de fuego), fabricaría utensilios de tierra cocida, inventaría la metalurgia y comenzaría a transitar por el camino de la Historia.





¿Cómo vivía el hombre antes del fuego?

Nuestro antepasado prehistórico era un animal que estaba a merced de otros animales más veloces y más fuertes que él. Sus únicas armas eran una piedra y un palo, y comía lo que hallaba a su paso: raíces, hojas, bayas, frutas naturales, huevos que hurtaba a las aves, algún pájaro o algún conejo que podía atrapar. Si vivía cerca del agua se alimentaba de peces, crustáceos y moluscos, pero todo cuanto cazaba o pescaba lo comía crudo, y casi siempre en el mismo lugar en que había conseguido su presa, pues no podía conservarla mucho tiempo por motivos obvios: el animal muerto se descomponía.





Tras el calor y la caza

El hombre prehistórico se vio forzado a ser errante. Al acercarse la época del frío echaba a andar en pos de zonas más cálidas o emigraba en persecución de los animales que podían servirle de alimento, si tenía la fortuna de cazarlos. Pero a veces el hambre lo acuciaba, y entonces se alimentaba de escarabajos, larvas, hormigas, orugas o langostas.
En esa marcha en busca de calor y caza se refugiaba en el hueco de algún árbol, en alguna madriguera abandonada o bajo un manojo de ramas. Esos eran sus albergues nocturnos o su protección contra las lluvias o los abrasadores rayos del Sol.



Aguzar el ingenio o morir

Como vemos, el hombre primitivo era, una criatura indefensa en un mundo lleno de peligros, de manera que debió aguzar el ingenio para sobrevivir.
Ideó trampas para que en ellas cayeran el mamut, el caballo salvaje o el rinoceronte. Pero siguió sin descanso al animal enfermo para caer sobre él cuando desfalleciera. Necesitó raspar, excavar, agujerear, cortar o picar, y eligió las piedras más filosas y puntiagudas. Si no las encontraba, las afilaba valiéndose de otras piedras. Así surgieron las hachas de mano y los raspadores de sílex.
Como el frío era cada vez más intenso, a los animales que cazaba les sacó la piel para cubrirse. Además, aprendió a convertir en instrumentos las partes duras de los animales: cuernos, colmillos y huesos. Así nacen las agujas, los punzones y las puntas de lanza y flechas de hueso.



Herramientas prehistóricas.




Un enemigo convertido en amigo

"A menudo, durante una tormenta -dice Hendrik Willen van Loon-, caía un árbol derribado por un rayo. A veces se incendiaba la selva entera. El hombre había visto esos incendios. Cuando quiso acercarse, el calor lo ahuyentó... Observó que el fuego daba calor. Hasta entonces había sido un enemigo. En aquel momento se trocó en amigo: un árbol seco, arrastrado a la caverna y encendido mediante ramas ardientes de un bosque incendiado, irradió en la vivienda un calor raro pero sin duda agradable."
Fue ésta la revelación, y el hombre aguzó el ingenio para imaginar la forma de producir el fuego a voluntad y luego poder conservarlo.



La primera llama que cambia al hombre

Un día que no figura con precisión en la Historia -hace ya 50000 años-, nuestro remoto antepasado comenzó a frotar dos maderos, de los que surgió, al cabo de largos y angustiosos momentos, una chispa que encendió las ramas secas que estaban cerca... Y salió la primera llama, una pequeña y viboreante llama, que era, sin embargo, la más preciada conquista de ese período auroral de la humanidad. Y el hombre empezará a cambiar, a transformar sus costumbres.
Más tarde, el hombre obtendría fuego por el procedimiento de la percusión de dos fragmentos sílex (piedra pedernal) o de una piedra y un metal. Y ya, práctico en la obtención del fuego, surgirían las antorchas (hechas de materias vegetales, animales o minerales) o las lámparas (hechas con una piedra ahuecada, en cuya depresión se colocaba grasa animal y una mecha).

1: Por frotación simple; 2: en ranura; 3: en sierra;
4, 5, 6 y 7: por rotación.



Después del fuego, el hogar

El hombre, echó la carne cruda en las piedras calientes o en las cenizas, y el manjar le pareció más delicioso. Pero también comprobó otras cosas: que la carne ahumada o tostada se conservaba por más tiempo que la carne cruda; que su cueva se hacía más cálida y acogedora; que dentro de ella podía soportar el invierno que se avecinaba sin tener que echar a andar en busca de regiones más templadas ..., y se hizo sedentario.
Si bien continuó cazando o dedicándose al pastoreo de sus animales domesticados (vacas, ovejas, etc.), se hizo agricultor. Ahora tenía un hogar. Y el hombre empezó a entrar en la Historia.

Arpones de hueso.
Fueron utilizados en las épocas del paleolítico superior.



Del horno a la metalurgia

Gracias a la invención del fuego, de las manos del hombre salieron vasijas, calderas y ollas de barro cocido. Nació también la cerámica; surgieron los hornos, donde el fuego se intensificó, y se fundió el bronce, más tarde el hierro y el acero. Y el hombre tuvo armas ofensivas y defensivas (cuchillos y espadas).
Vendrá también la técnica de la vitrificación y la elaboración de materiales refractarios... Se opera, en fin, un cambio trascendental: surgen las primeras sociedades agrícolas, nacen las aldeas y ciudades, y desaparece el aislamiento primitivo porque se fomenta el comercio: ganado por herramientas, armas por cereales...


Molde para la fundición de hachas de bronce.




Del culto del fuego a la máquina de vapor

El fuego se convierte en elemento ritual u objeto de culto. Creado, había que mantenerlo. Los persas adoraron el fuego junto con el aire y la tierra.
Los romanos veneraron el fuego, y Vesta era la divinidad del hogar. Seis jóvenes vestidas de blanco, llamadas vestales, eran las encargadas de mantener el fuego de su templo... Para los mayas, uno de los elementos de la creación era el fuego.
Pero los siglos fueron pasando, y el hombre rinde culto al fuego en otra forma: estudiándolo y transformando el calor en trabajo mecánico (para la ciencia, el calor no será más que una forma de energía). Y aparecen las máquinas de vapor, en las que la energía térmica se obtiene generalmente de la combustión de leña o carbón. El calor pasa a la caldera, donde se encuentra con una masa de agua que ha de hervir para convertirse en vapor.

Diosa romana Vesta.



¿Cómo explicarle al hombre prehistórico?

Nuestro remoto antepasado hubiera quedado mudo de asombro si hubiese visto, en 1690, el primer motor de combustión interna inventado por Denis Papin, o el automóvil de vapor creado en 1770 por Nicolas-Joseph Cugnot, y no comprendería cómo se inventaron el barco de vapor, la locomotora de vapor, los motores diésel o el turborreactor. Y nos sería difícil explicarle que todo comenzó hace 50000 años, cuando él se decidió a frotar dos maderos para lograr una chispa, de la cual surgió un vital elemento: el fuego.

Automóvil de vapor creado en 1770 por el ingeniero francés Nicolas Joseph Cugnot.



La locomotora "Rocket", una de las primeras diseñadas por Robert Stephenson
en Inglaterra, en 1829.
Fuente





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lunes, 26 de marzo de 2018

El Eco

Cuenta la leyenda griega que una ninfa llamada Eco entretenía con sus cuentos a Hera, la esposa de Zeus, mientras éste se divertía con otras ninfas. Hera descubrió el engaño y en castigo condenó a Eco a repetir sólo la última sílaba de la palabra que escuchaba. Así los antiguos explicaban este curioso fenómeno, que hoy podemos conocer bien estudiando lo que sucede con las ondas sonoras.

Eco y Narciso - J. W. Waterhouse (1903)
Óleo sobre lienzo, Walker Art Gallery, Liverpool.





¿Qué es el eco?

Si nos detenemos frente a una pared alta, una montaña, un acantilado, etc., y desde cierta distancia decimos un nombre, escuchamos en seguida repetido el mismo nombre. ¿Qué ha ocurrido? Un fenómeno acústico. Para comprenderlo fácilmente, tiremos una pelota en línea recta hacia una pared: veremos que rebota y vuelve hacia nosotros. Algo semejante ocurre con las ondas sonoras que emitimos que son reflejadas al chocar contra un cuerpo que sea compacto.



¿Cuándo se produce el eco?

Para que se produzca el eco debe haber cierta distancia. Se calcula que para los sonidos en general es necesario un mínimo de 17 metros, pero para la voz humana requieren como mínimo 35 metros para que puedan oírse claramente las sílabas reflejadas. Ello se debe a que en un segundo se puede pronunciar y oír con claridad un número limitado de sílabas. Por lo tanto, como el sonido recorre 340 metros por segundo, tardará un décimo de segundo en tropezar con el obstáculo reflejante, a 34 m de distancia, y otro décimo de segundo en volver al punto de partida. Si la distancia fuese menor de 34 metros, entonces ambos sonidos se superpondrían, se confundirían y no podrían oírse distante, con claridad.
Cuando existen obstáculos situados unos frente a otros, como en el caso de montañas, paredes, acantilados, etc., se producen ecos múltiples. Algo muy curioso: las nubes también producen eco. Ésta es la causa por la que un cañonazo disparado en el mar, pero bajo un cielo cubierto de nubes, origina eco. A la misma causa obedece el retumbar prolongado del trueno.

Efecto del eco.





Utilizando el eco

El eco permite averiguar la dirección y la distancia en que se encuentra un obstáculo. Esta propiedad ha sido utilizada por los marineros desde la antigüedad cuando atravesaban por estrechos o lugares difíciles en tiempo de niebla. Entonces lanzaban gritos hacia las altas rocas de las orillas, y al recibir el eco podían "ver o sentir" dónde estaba el peligro y así navegar con seguridad.
Basados en el principio del eco, hoy funcionan dos útiles aparatos que son valiosos y cuyo uso es imprescindible: el radar y el sonar.
El radar, en vez de utilizar ondas sonoras, emplea ondas de radio, que son más rápidas, y consigue localizar los obstáculos que se hallan a su paso. Un avión provisto de radar puede obtener un verdadero plano de una ciudad o territorio, marcando sus accidentes geográficos, edificios de mayor altura, etc. El radar se emplea en los aeródromos, en la navegación aérea, marítima, etcétera.
El sonar envía ondas sonoras a través del agua y recibe ecos de cualquier blanco con que choquen las ondas de salida. Como la velocidad del sonido en el agua es de 1450 metros por segundo, la distancia desde el barco equipado con el sonar hasta el obstáculo puede determinarse midiendo el intervalo entre el zumbido de la onda sonora de salida y la vuelta del eco. El sonar se utilizó en la guerra para detectar submarinos sumergidos, pero en tiempos de paz su utilización más valiosa consiste en descubrir los bancos de peces hacia donde puedan dirigirse los barcos pesqueros para realizar su tarea con mayor rendimiento.

El radar está basado en el principio del eco, pero en lugar de
 utilizar ondas sonoras, emplea ondas de radio, que son más rápidas.



El sonar envía ondas sonoras a través del agua. Se emplea para determinar
profundidades marinas y para localizar bancos de peces.