sábado, 11 de marzo de 2017

Los artesanos: Viejos amigos del metal

Entre todos los elementos que desde la antigüedad el hombre utilizó para materializar su capacidad creativa y artística, sin duda alguna el metal (y especialmente la plata) ocupa un lugar destacado.
Y fueron los artesanos, una extraña mezcla de obreros, artistas y poetas, quienes comenzaron la fascinante tarea de elevar el simple metal a la categoría de obra de arte, logrando piezas de tanta belleza y finura, que muchas de ellas aún perduran a través de los siglos.


Set de té victoriano




Un codiciado título 

Para obtener el título de maestro-artesano era necesario haber trabajado, por lo menos, cuatro años como aprendiz en el taller de algún célebre maestro, demostrar que se era una persona de bien y de intachable conducta, poseer una solvencia económica y gozar de la estima y distinción del medio ambiente en que se desempeñaba.
Sólo entonces las autoridades elevaban el nombre del postulante al Capitolio, y si lograba la cantidad de votos necesaria era, por fin, aceptado en la famosa Cofradía de los Artesanos. Una vez en ella, debía pagar una elevada cuota de ingreso y jurar sobre los Evangelios que realizaría siempre su trabajo con lealtad y justicia, observando todos los estatutos de la Cofradía de Maestros Artesanos.
Ya estaba autorizado a tener su propio taller y recibir en él a sus discípulos, que años más tarde podrían llegar a ser maestros.

Este jarro es una magnífica pieza de plata con una escena
bíblica. Daniel Friedrich von Mylius la realizó en Gdansk
(antigua Danzig), en el siglo XVIII.




La Cofradía de Vicenza

Sin duda, fue la Cofradía de Vicenza (Italia) el centro principal donde se agruparon los artesanos de los metales nobles y de las piedras preciosas, e inclusive aquellos que estaban encargados de la venta de los trabajos.
Leyes severísimas de conducta, de responsabilidad y de calidad en el trabajo les eran impuestas a los cofrades artesanos. Los talleres se encontraban ubicados muy próximos al Palacio de Gobierno de Vicenza, que realizaba una tarea de protección y de guía en el difícil arte de crear con el metal y otros valiosos elementos.
Cada artesano era, en suma, dueño de una sólida cultura y de una respetable fortuna y también de un prestigio que se acrecentaba día a día; el incremento de los trabajos, encargados generalmente por reyes y nobles, popularizaba su nombre y el de su taller.
Ese limpio orgullo de la tarea realizada con verdadero cariño, ese enorme caudal de conocimientos, de pequeños grandes secretos obtenidos tras duras jornadas de trabajo y experimentación fueron heredados por los alumnos e inclusive por los propios miembros de la familia. Y así, aún hoy, tal como lo hicieron sus lejanos antepasados, trabajan el metal no muchos pero sí extraordinarios artesanos, fieles a las técnicas y al espíritu de los mayores, celosos de un prestigio que acrecientan día a día con sacrificio y amor.

Sopera de plata con forma de tortuga, hecha en Inglaterra en 1790.




Las técnicas del metal

En el taller de cada artesano se esconden secretos métodos, pequeñas o a veces grandes modificaciones a las clásicas maneras de trabajar el metal. Ello forma parte de ese estilo, de esa característica tan particular que tienen determinadas piezas, donde se revela la personalidad de su autor. Entre las técnicas más comunes para trabajar el metal tenemos el martilleado, en la cual se utiliza un martillo con el que se le da forma a la plancha metálica; el moldeado, donde se construye un molde de madera, yeso o plomo en el cual se vierte el metal fundido; el cincelado, con el que se obtiene una decoración en relieve, eliminando la materia sobrante por medio de punzones o cinceles y de una maza; el burilado, donde la decoración se graba con un buril; el esmaltado, cuando la pieza que se trabaja es dividida en compartimientos que luego se rellenan con líquido de distintos colores; el bruñido, delicada tarea en la cual se hacen desaparecer las posibles irregularidades, generalmente en aquellos objetos que han sido fundidos en un molde.
Un procedimiento totalmente distinto de los ya enumerados es el de la filigrana, que consiste en la aplicación de hilos de oro o de plata, ya sean sencillos o aplanados, o también de hilos retorcidos en forma de cuerda.
En las antiguas monedas, en piezas de innegable belleza, en cascos y armaduras trabajados con una dedicación sin límites, los artesanos han dejado reflejados el profundo amor y el respeto con que desarrollaban su tarea.
Las actuales condiciones de vida, donde el crecimiento desmedido de las poblaciones exige que la producción sea programada con vistas a un consumo masivo, no han podido apagar aún el fuego sagrado de este fascinante trabajo de artistas, de obreros, de poetas, un fuego que perdura joven, pujante, para la perdurabilidad de esta tarea milenaria y eterna: la artesanía del metal.

Magnífico reloj holandés del siglo XVIII, que
 es una verdadera maravilla artesana.



Nave, por Henri-Auguste-Jules Patey, el más destacado platero francés
que trabajó para Luis XVI y luego para Napoleón.


Barrilito para colocar mostaza hecho para madame Pompadour por
Antoine Sebastien Durand. Cupido, mensajero del amor, sostiene
el pequeño barril.



Tetera de plata, obra de Edward Farrell, el más renombrado artesano
 de principios del siglo XIX en Inglaterra.

Juego de saleros realizado por John Hunt y Robert Roskell,
en Londres, en 1872.
Cucharitas de plata para té, hechas en Londres en el
siglo XVIII.
La platería inglesa es mundialmente famosa.






Curioso diseño de una doble copa, obra del famoso
artista alemán Alberto Durero.




Par de azucareras realizadas por Benjamin y James Smith, en Londres,
en 1810. Fueron usadas por el duque de Wellington.



Vaso diseñado por John Flaxman, en Londres,
para ser entregado a los que tuvieron una
actuación destacada en la batalla de Trafalgar.



viernes, 10 de marzo de 2017

Las más bellas esculturas de todos los tiempos

Estatuas egipcias

La escultura egipcia se presenta con caracteres bien definidos. Algunas figuras de divinidades, de faraones, de reinas o de personajes importantes son de extraordinaria delicadeza y manifiesta la simpatía con la que el artista representaba todo lo visto. Pero también sus esculturas fueron de carácter monumental y tan sólidas, que a veces parecen perder el tono vital. Los escultores prefirieron la piedra, por ser material más resistente, a pesar de que tenían que traerla del desierto. Trabajaron bloques de diorita, basalto, granito negro, mármoles verdes y amarillos, y no desdeñaron el sobrehumano trabajo de esculpir en la roca misma de la montaña, como ocurrió en el templo de Abú Simbel.






El Gran Templo de Abú Simbel

En la entrada del templo de Abú Simbel se encuentran cuatro colosales estatuas del faraón Ramsés II sentado en el trono de 20 metros de altura para honrar a Horus, Amón y Ptah. La estatua más pequeña que está de pie junto a la de la derecha es la de la reina Nefertari, esposa y hermana del soberano. Las demás esculturas representan a otras divinidades egipcias. Ramsés II fue un monarca ambicioso y enérgico de la dinastía XIII, que reinó trece siglos antes de Cristo y obtuvo grandes triunfos en Asia y África. Para agradecer a las divinidades estas victorias hizo construir este templo rupestre, enclavado en la misma montaña, que mide 33 m. de alto , 38 m. de ancho y 62 m. de profundidad. Este templo, así como otros monumentos egipcios, estaba amenazado, pues al construirse la represa de Asuán quedaría sumergido en el lago artificial formado por ella. La UNESCO, organismo dependiente de las Naciones Unidas, promovió una intensa campaña para salvar tan grande tesoro artístico, y con la ayuda financiera de diversas potencias se cavó la roca elevando la colosal estructura de piedra.




Dios Ptah

Estatua de bronce del dios Ptah, que se conserva en el Museo de Londres. Ptah, dios de Memfis, la antigua capital de Egipto, era considerado el creador del mundo y soberano de los dioses. Los escultores lo veneraban como su patrono.




Diosa Neith

Estatua de la diosa Neith, adorada especialmente a fines del imperio en la región del delta egipcio. Su culto se sizo más popular cuando el faraón Nectanebo II se proclamó su hijo.






Onuris

En el Museo Británico se conserva esta estatuilla de Anhur (también se puede ver escrito como Onuris, An-Her, Anhuret, Han-Her o Inhert), de Abidos, protector de los guerreros.






La diosa Isis y su hijo Horus

Este grupo de bronce de la dinastía XIX representa a la diosa Isis, esposa de Osiris, y su hijo Horus. En el tocado de Isis se destacan los cuernos, símbolo de poder, y el disco solar.





miércoles, 8 de marzo de 2017

Las plantas que curan

El conocimiento de las hierbas y plantas que se emplea para aliviar o curar ciertas dolencias posee una larga historia. Los animales, llevados por su instinto, saben encontrar plantas medicinales y es probable que también instintivamente el hombre las hallara. En el transcurso del tiempo pudo acumular múltiples experiencias, llegando a catalogar las plantas medicinales que le resultaban útiles. Así se formó una verdadera ciencia que fue transmitiéndose de generación en generación. La moderna farmacopea tiene origen en este antiguo estudio de las platas, de la misma forma que la química hunde sus conocimientos en la alquimia.

Antiguo grabado de una obra del siglo IV donde se
destacan las propiedades medicinales de las rosas.



Especias y drogas

En la actualidad, muchas personas confían entera o parcialmente en curas herbáceas, pero es necesario advertir que las plantas que tienen poderes curativos son valiosas porque poseen ingredientes químicos, pero, justamente por este motivo, también pueden resultar peligrosas. Las especias, llamadas así porque las empleamos por su sabor (como la nuez moscada, pimienta, canela, etc.), también podrían llamarse medicinas, pues tienen acción farmacológica. En cambio, para poder titularse droga, una planta debe aliviar o curar un mal, como en el caso de los antibióticos. La palabra droga debe limitarse también a sustancias que han sido preparadas y han sido controladas con una forma y grado de potencia tipo.

1 Planta de caléndula, empleada en ungüentos para cicatrizar llagas, quemaduras, etc.
2 Flor de anémona, usada contra la tos.
3 Planta de tabaco de la que se extrae la nicotina, usada contra los parásitos.
4 Flores de Digitalis purpurea, de la que se extrae la digitalina, buena para el corazón.
5 Flores de acónito, de múltiples aplicaciones.



Principios activos de las plantas 

Las plantas poseen numerosos componentes químicos en cantidades que varían según las especies, siendo los principales el azúcar y la grasa (o más bien aceite). Aparte de estas sustancias nutritivas, contienen otros muchos componentes químicos con capacidad para actuar sobre el organismo humano. Los principales activos son muchos y variados, pero es posible hacer una breve lista de los principales.
Los ácidos, con frecuencia presentes en el tejido de las plantas y especialmente en las frutas, tienen poderes astringentes. Algunos poseen propiedades especiales, como el ácido ascórbico (vitamina C), el ácido cítrico (de los citrus) y el ácido oxálico del ruibarbo. Algunas partes de ciertas plantas (la semilla del lino) producen un mucílago, sustancia pegajosa y semitransparente empleada como emoliente.
Ciertas plantas producen un tipo de "látex", sustancia blanca, acre y lechosa de importancia farmacológica (por ejemplo, el opio). Hay otras que tienen valor industrial.
Otro grupo de sustancias presentes en las plantas está compuesto por los taninos. Estos son muy variados en su composición química, pero poseen algunas propiedades en común; dan un color azul, verde o negro a cualquier cosa que contenga hierro y tienen efecto astringente. Esta última propiedad es la base de su empleo en medicina.
El delicado aroma y sabor de muchas plantas aromáticas se debe a otro tipo de componente: los aceites esenciales. Empleados por lo común en perfumería y en la cocina, sirven medicinalmente como estimulantes y antisépticos. Disueltas en ellos, pueden poseer otras sustancias para formar resinas, como en el caso del pino. Solidificados, se emplean como expectorantes o antisépticos. Algunos aceites esenciales contienen ácidos especiales conocidos como "bálsamos".
Probablemente, el tipo con más poder farmacológico presente en las plantas sea el grupo de sustancias químicas llamadas alcaloides. La morfina, el constituyente activo principal del opio, es un alcaloide (lo mismo ocurre con la nicotina del tabaco). También son muy poderosos los glicósidos, que incluyen a la digitalina, la amigdalina  y la saponina. La acción de los alcaloides y los glicósidos es tan variada, que no puede ser resumida en unas pocas palabras.

1 Fruto de enebro, usado en los tratamientos de la piel.
2 Corteza de quino, de donde se extrae la quinina, usada como febrífugo.
3 Variedad de cardo, utilizada por sus propiedades hepáticas.
4 y 5 La granada y la guinda silvestre se utilizan por sus propiedades astringentes.
6 Flores de valeriana. La planta tiene efectos sedantes y antiespasmódicos.



Alimentos medicinales

Muchas de las plantas que ingerimos como alimentos pueden ser empleadas por su efecto farmacológico. La levadura, que en su contexto puede ser considerada como una planta, es rica en vitamina B y se recomienda especialmente para desarreglos intestinales.
Entre los cereales, el arroz se usa medicinalmente como tratamiento contra la colitis y los cálculos biliares. El trigo entero es fuente de vitaminas.
Se considera el aceite de oliva como estimulante de la secreción biliar y también como laxante. Se piensa que la espinaca estimula los jugos del páncreas, pero no debe ser ingerida en cantidades demasiado grandes pues contiene ácido oxálico. No es recomendable para quien padezca de afecciones renales, pero es una excelente fuente de vitamina K.
Las hojas de la planta de ruibarbo también contiene ácido oxálico y son muy peligrosas, aunque su rizoma forma un laxante útil.
Con las hojas y la cáscara de la nuez puede hacerse un cocimiento de poderes astringentes que se emplea para aliviar la faringitis, gastroenteritis acompañadas de diarrea, conjuntivitis y dermatitis.
La mostaza negra se emplea en forma de cataplasmas para aliviar el reuma. 
Estos no son sino unos pocos ejemplos de las plantas alimenticias (verduras, hierbas y especias) que pueden ser empleadas medicinalmente al mismo tiempo que por su sabor o su valor nutritivo.
Existen, asimismo, plantas de uso industrial que poseen poderes medicinales, como, por ejemplo, el lino, empleado por su fibra textil. En el mismo caso están el incienso, de uso religioso, el tabaco y la lavanda, de uso personal, cuyos poderes potenciales para la medicina la mayoría de la gente desconoce.

1 Flores de papa, planta alimenticia de la que se extrae también un alcaloide.
2 Flores de alcaucil, que activan las funciones hepáticas.
3 El perejil pertenece a la familia de las umbelíferas y se usa como condimento.
Con él se prepara una infusión de efectos sedantes.
4 Achicoria. Con ella se prepara una infusión semejante al café.


Mural pintado por el artista mexicano Diego Rivera, que
reproduce un antiguo códice azteca sobre plantas medicinales.




martes, 7 de marzo de 2017

El guepardo

Campeón de carrera del reino animal




El animal más veloz del mundo es el guepardo, un mamífero carnívoro de la familia de los félidos, que vive en África y el sudoeste de Asia. Como los demás animales de su misma especie, el guepardo posee una extraordinaria adaptación para la caza y suele recorrer grandes distancias para atrapar a su presa. Alcanza entonces una velocidad asombrosa que oscila entre 110 y 130 kilómetros por hora, la misma que los vehículos creados por el hombre sólo pudieron lograr en el siglo pasado.


Aunque es un voraz carnívoro, el guepardo no lo demuestra con su aire de animal manso y apacible. Suele pararse horas y horas junto a sus cachorros observando distraídamente a sus presas mientras se estira con movimientos parecidos a los de un perro de caza. Realmente, si no fuera por su cabeza pequeña y redondeada, por su piel dorada con manchas negras y por su cola gruesa y anillada, diríamos que se trata de un poderoso galgo. Es lo que nos recuerdan sus extremidades finas y alargadas, su cuello arqueado y la musculatura elástica y bien desarrollada del tronco.

La importancia de la velocidad
La velocidad tiene una importancia decisiva para los animales, pues ella es la que
les permite cumplir la suprema ley biológica: atrapar y no ser atrapado. Los cazadores,
sean insectos, peces, aves, mamíferos, etc., son muy rápidos en la embestida, pero
tan veloces como ellos y aún más deben ser las especies que tienen que huir para
salvarse. En este gráfico figuran los mamíferos más veloces.




 El lugar donde vive

El guepardo es un animal propio del continente africano. Hasta hace poco, su hábitat se extendía también por buena parte de Asia, pero la intensa persecución de que es objeto para aprovechar su piel o para utilizarlo como animal de caza amenaza la supervivencia de la especie en esas regiones. En cambio, es frecuente encontrarlo en las estepas, las sabanas herbosas y los desiertos de África. La sabana con acacias, de pasto medianamente alto, le ofrecen sombra para descansar y amplitud para sus rápidas carreras. Además, su pelaje dorado con manchas oscuras se confunde fácilmente con la tonalidad de las hierbas quemadas por el Sol en las sabanas y estepas. Así puede acercarse sin ser visto hasta sus presas a distancias relativamente cortas. Ellas son casi siempre los antílopes conocidos con el nombre  de impalas o las velocísimas gacelas.
Los guepardos abundan en los parques naturales y pueden alcanzar una longevidad de dieciséis años. La mayor parte se encuentra en la reserva de Ambroseli y en el Parque Nacional de Nairobi, en África Oriental. La especie que vive en Asia se denomina cheetah o chita.

Guepardos camuflados



Un cazador único en su especie

La evolución ha dado al guepardo una técnica de caza totalmente distinta a la de sus congéneres. En lugar de acechar a sus presas en el bosque, como lo hacen el leopardo o el jaguar, el guepardo corre abiertamente por las llanura para darles caza.
Casi siempre lo consigue por el minucioso estudio que hace de sus presas, juzgando por sus movimientos, por su postura o por su aspecto la facilidad o la dificultad que tendrá si se propone atraparlas.
Cuando se decide a hacerlo comienza el ataque. Paso a paso, con todos sus sentidos alertas, va avanzando hacia un rebaño de gacelas. En cuanto una de ellas levanta la cabeza, el guepardo se queda inmóvil, en la postura en que ha sido sorprendido. Permanece así unos segundos, con una pata levemente flexionada y el hocico apuntando hacia la gacela. Cuando ésta vuelve a inclinar la cabeza, el guepardo continúa aproximándose. Una vez que ha logrado acercarse lo suficiente, elige a su presa y comienza la carrera aumentando la velocidad con cada minuto que pasa. Cuando las gacelas lo descubren, ya es demasiado tarde para ponerse fuera de su alcance porque el veloz corredor ya se encuentra a menos de 100 metros de ellas. En una nube de polvo, el guepardo llega hasta el rebaño y de un certero golpe de su pata delantera derriba a su presa, que rueda por el suelo. La fiera la muerde en la garganta y termina con ella.

Guepardo cazando



¿Por qué puede correr tan velozmente?

Podría decirse que el guepardo es un corredor bien equipado. Sus largas y vigorosas patas le permiten alcanzar en pocos instantes una velocidad máxima, que puede conseguir gracias a su corazón y pulmones poderosos. Está dotado, además, de una columna vertebral flexible y una musculatura lumbar que puede graduar a voluntad la acción de los miembros. Por otra parte, las uñas de sus garras, a la inversa de las de los demás félidos, que las tienen en forma de arco, afiladas y retráctiles, son fijas y romas, lo que permite mantener la velocidad en la carrera.
Pero su resistencia el limitada. Después de cubrir una distancia de 400 metros debe tenderse a descansar. Por eso es tan importante el acecho que hace de sus presas, acortando en lo posible la distancia que lo separa de ellas.

Mamá guepardo con sus cachorros






Te puede interesar: El Tigre

domingo, 5 de marzo de 2017

Las más bellas esculturas de todos los tiempos

Estatuas de Venus

Una de las características de la religión griega era el antropomorfismo, o sea la representación de sus divinidades con figura humana. Pero tales representaciones constituían, a su vez, el ideal de la belleza. Esto se advierte claramente en las estatuas de Afrodita -llamada Venus por los romanos- que compartimos aquí.



¿Quién era afrodita?

Afrodita era la diosa del amor. potencia primordial del Universo, y de la belleza. Para los griegos primitivos fue la hija de Zeus y de Dione, pero desde épocas remotas se decía que había nacido de la espuma del mar. Representaba el poder de la naturaleza viviendo y actuando en el aire, en la tierra y en el agua; sus atributos eran, pues, mucho más importantes que la de simple divinidad del amor. Así, era la diosa de los vientos y de los fenómenos celestes, de las tormentas y del rayo. También fue venerada por marinos y pescadores como diosa del buen tiempo y del mar apacible, mientras Poseidón o Neptuno lo eran de las tempestades. 
Afrodita era, también, diosa de los jardines y de los bosques, de la primavera y sus dones, y como divinidad del amor tenía gran influencia no sólo en los seres humanos sino también en los dioses. Ella unía a las generaciones con los lazos del amor, y por eso en algunos lugares era venerada como diosa del matrimonio y de la vida en familia. Sus múltiples atributos la convirtieron en tema preferido de los artistas. Entre las obras más famosas se destacan la Afrodita o Venus de Arlés, de Cnido y de Milo, lugares donde fueron halladas.




Afrodita de Cnido

La Afrodita de Cnido era considerada como la obra maestra de Praxiteles, uno de los más grandes escultores griegos, quien hacia el año 350 a. de C. la ejecutó en mármol para los habitantes de la ciudad de Cnido. Los antiguos la admiraron de tal manera,que hicieron numerosas copias de ella (como esta, de 2,05 m. de alto, que se conserva en el Museo del Vaticano, de Roma, y en la que se advierte, junto con la seducción femenina, la majestad de una diosa).

La obra original desapareció durante un incendio ocurrido
durante la rebelión de Niká, en Constantinopla, ciudad a la
que la había hecho transportar el emperador Teodosio.




Venus de Calimaco

La Venus de los jardines es una representación de la diosa con un delicado peplo. Se atribuye a Calimaco, escultor griego del siglo V antes de Cristo, pero la que publicamos es una copia romana, que se conserva en el Museo del Louvre.







Afrodita de Arlés

La Afrodita de Arlés es una copia romana, realizada en el siglo I antes de Cristo, de una estatua de mármol griega del siglo IV a. de C. Mide 1.94 m de altura y fue hallada en el año 1651 en el anfiteatro de Arlés, Francia. Se conserva en el Museo del Louvre, París.






Venus de Milo

Privilegio de Venus es la juventud perenne, y así se la representa. Pero la belleza no se limitaba al rostro, sino a la armonía de todo el cuerpo. La Venus de Milo está realizada en mármol de Paros y mide 2.03 metros de altura. Se ignora quién la modeló, pero se cree que fue discípulo del famoso escultor Scopas y que la realizó entre los siglos II o I antes de Cristo. Cuando fue descubierta en 1820, ya estaba mutilada.


Detalle de la Venus de Milo
Nobleza de actitud, rostro sereno e impasible, digno de la belleza
de una diosa, caracterizan esta estatua. La posición o el ademán que
podían adoptar los brazos desaparecidos han sido objeto de múltiples
controversias, pero la mayoría se inclina a creer que la diosa sostenía
con una mano su vestidura y con la otra una manzana, símbolo de la isla de Milo.



El caso del labriego y la diosa

La Venus de Milo es una de las estatuas más famosas del mundo. Su hallazgo fue casual, y ocurrió de la siguiente manera. A fines de febrero de 1820, un labriego llamado Yorgos desarraigaba un árbol en un campo situado dentro del recinto fortificado de la antigua ciudad en la isla de Melos, hoy Milo. De pronto, el árbol desapareció en el hueco del suelo, dejando ver un lugar donde se hallaron tres estatuas, una de ellas el busto de Afrodita, y otros fragmentos. Yorgos llevó las esculturas a su choza y luego se puso en comunicación con M. Brest, agente consular de Francia en la isla. Éste se comunicó con M. De Riviere, embajador francés en Constantinopla. La correspondencia se demoró, y entretanto llegó a Milo, en abril de ese año, la fragata "La Chevrette", en la que viajaba el alférez Dumont d'Urville, quien quiso comprar la estatua, pero no pudo hacerlo porque el capitán le prohibió transportarla en el barco. Dumont d'Urville trazó un dibujo de la Venus y lo entregó en Constantinopla al vizconde Marcellus. Éste, a su vez, se comunicó con el embajador y recibió la comisión de adquirir la estatua. Pero al llegar a Milo, el 23 de mayo de 1820, se esteró que la misma estaba en un bergantín con pabellón turco. Marcellus, tras mucho discutir, consiguió que Yorgos le vendiera la Venus en 6000 francos. En febrero de 1821 llegó a París, y el 1° de Mayo de ese año el embajador de Riviere la ofreció al rey Luis XVIII. Se le dio como morada el Museo del Louvre, donde puede ser admirada por gentes que acuden de todas partes del mundo.




¿Qué es el hipo?

HIC... HIC!.... De pronto, y sin saber muchas veces por qué, se produce un extraño fenómeno llamado hipo, que se caracteriza por una respiración interrumpida y violenta, un ruido corto y discordante y una molesta sensación de brusco movimiento abdominal involuntario. Pero, ¿qué es el hipo y cuáles son las causas que lo provocan?






Entre la fábula y la ciencia 

Acerca de las causas del hipo y de su significado se han tejido, desde antiguo, múltiples leyendas. Muchas lo atribuían al crecimiento de los niños; otras, al esfuerzo humano por expulsar a los malos espíritus o, por el contrario, a la demostración cabal de la posesión demoníaca. Hipócrates, el facultativo griego que vivió en el siglo V a. de C. y que fue considerado, por sus importantes tratados, como el Padre de la Medicina, lo describió como un síntoma de enfermedades abdominales graves. Hoy, la ciencia distingue entre el hipo común, motivado por una irritación del diafragma, y el hipo proveniente de procesos patológicos muy serios.



El diafragma, un músculo raro

El diafragma es un músculo que, como un tabique, separa la cavidad torácica de la abdominal. Es plano, de poco más de un centímetro de espesor, ovalado y curvado como una campana con dos cúpulas: una derecha, debajo del pulmón del mismo lado, y la otra debajo del corazón y el pulmón izquierdo. No sólo su forma es rara, también lo es su estructura. Como todo músculo, posee una parte carnosa con capacidad para contraerse, es decir, acortar la distancia entre los extremos; pero la particularidad es que la forma oval de esa masa carnosa se dispone como un anillo, en cuyo centro está uno de los tendones que presenta la forma de un trébol y se llama centro frénico. El otro tendón está representado por toda su periferia y se inserta en el reborde de las últimas costillas, en la punta del hueso esternón y en las primeras vértebras lumbares.



El funcionamiento del diafragma 

Al contraerse la masa músculo-anular, cuyo centro frénico es tendinoso y, por lo tanto, firme e inextensible y está situado en lo alto de la bóveda que forma el conjunto del músculo, se acorta la distancia hacia el tendón periférico fijado en los huesos del perímetro torácico. Por ello se aplanan las cúpulas superiores, y el diafragma desciende unos 10 centímetros desde el tercio inferior del tórax hacia el abdomen. Actúa, pues, como un émbolo o pistón.

Vista del diafragma desde la cavidad abdominal.
Este músculo se distingue por su forma rara y su estructura. Posee una parte
carnosa, pero uno de los tendones, el centro frénico, está en el medio y el otro
de inserta en las costillas, punta del esternón y vértebras lumbares.




El objeto del émbolo vivo

El diafragma, al cumplir en su descenso una función semejante al del émbolo de una bomba aspirante-impelente, agranda la capacidad del tórax y arrastra hacia abajo las pleuras y los pulmones, obligando a que el aire exterior entre por la nariz o por la boca y, pasando por la tráquea y bronquios, llegue a los pulmones para ocupar el vacío que se ha originado. Como su superficie es aproximadamente de 250 cm² y, por su contracción, desciende 1,5 cm, a causa del trabajo del diafragma pueden penetrar en el organismo unos 400 cm³ de aire. Es, por lo tanto, el músculo principal de la inspiración y espiración.



Un trabajo que no se advierte

¿Por qué no nos damos cuenta de este trabajo tan importante del diafragma? Sencillamente, porque es un movimiento, con un ritmo entre 10 y 16 contracciones por minuto, es armónico, espaciado y automático, y es provocado por los dos nervios simétricos que hemos mencionado; éstos son ramas del sistema nervioso autónomo, es decir involuntario. Pero no siempre es así, y cuando alguna causa altera su funcionamiento se produce el hipo.

Cuando alguno de los muchos órganos que están en contacto con el diafragma
se inflama, produce una irritación que hace que se contraiga intensa y
bruscamente, provocando el hipo. Existen diversos métodos caseros para hacer
cesar el hipo, que si bien es molesto, en casos normales no tiene ninguna
importancia. Entre ellos figura tomar lentamente agua, recibir un susto y
contener la respiración un breve lapso.



Las causas del hipo 

Por su amplia extensión, el diafragma está en contacto con muchos órganos. En el tórax, con los pulmones, las pleuras, el pericardio, el corazón, etcétera; en la cavidad abdominal, con el hígado, el bazo, el estómago, los riñones, parte del intestino, la aorta abdominal, etc. La inflamación de cualquiera de ellos provoca la irritación del diafragma, la cual se traduce en una brusca contracción. Sin embargo, el mecanismo de su funcionamiento no se modifica y, por lo tanto, se precipita una rápida corriente de aire hacia los pulmones provocando el ruido característico: ¡hic!, ¡hic! o ¡hip!, ¡hip! Las vísceras abdominales son desplazadas hacia abajo, provocando un típico movimiento del abdomen. 
La irritación puede ser provocada por enfermedades leves como la dispepsia o graves como pleuresía, peritonitis, cirrosis hepática, etc. En los bebés es muy frecuente, pero no tiene ninguna importancia. Sólo se trata de una brusca dilatación del estómago que se produce cuando mama rápidamente, lo que irrita al diafragma y lo levanta con brusquedad. El hipo común sobreviene sin causa importante y desaparece solo; en cambio, el hipo tenaz, causado por graves afecciones, es terriblemente agotador y debe ser tratado por el médico.


En los bebés el hipo es frecuente, pero no reviste ninguna gravedad. Se produce
cuando maman abundante y rápidamente; esto provoca una dilatación del
estómago, lo cual irrita al diafragma y provoca sus violentas contracciones.
Fuente de la imagen


viernes, 3 de marzo de 2017

Johann Wolfgang von Goethe

Un gigante de la literatura universal

En cierta ocasión dijo: "Yo soy una pluralidad de seres, un conjunto que se llama Goethe". Y tenía razón, ya que todo aquel que intente una completa biografía de Johann Wolfgang von Goethe se encontrará con un gigante y multiforme creador, pues siendo imposible dejar de estudiar exhaustivamente al poeta, al dramaturgo y al novelista, tampoco se podrá eludir referirse a su dedicación entusiasta a los quehaceres científicos (morfología, botánica, óptica, geología, teoría de los colores, etc.) o a su inclinación a transitar, hasta su vejez, por el camino del amor.


Cuadro de J. H. Tischbein que representa a Goethe en la campiña romana.
El viaje a Italia tuvo gran influencia en el poeta. 



"Werther", un libro que conmovió al mundo

Goethe, nacido en Fráncfort del Meno (Alemania) el 28 de agosto de 1749, se proyectó a la fama merced a una novela que tituló Los sufrimientos del joven Werther, que es la historia de un amor que impulsa al suicidio.
El libro se publicó en 1774 (cuando Goethe tenía 25 años) y produjo una conmoción tal, que, al convertirse en el prototipo de la novela romántica, se trocó también en arma peligrosa, pues no sólo fue imitado y parodiado, sino que también algunos lectores siguieron el trágico camino de su protagonista.
Si bien el libro fue prohibido en algunos lugares (Leipzig, por ejemplo), en otras ciudades de Alemania se imprimieron 16 ediciones (años después, Werther fue el libro de cabecera de Napoleón, quien se lo confirmó personalmente a Goethe en 1808).

Goethe con Charlotte Buff, prometida de su amigo Joseph Kestner, que
también aparece en el grabado. Esta relación le inspiró su famoso
libro Los sufrimientos del joven Werther.



Sus primeros idilios juveniles 

Goethe, que era hijo de un rico burgués distinguido con el título de consejero imperial (Johann Kaspar Goethe) y de Katherina Elisabeth Textor, hija del alcalde de Fráncfort, recibió una esmerada educación privada (no fue a la escuela primaria): griego, latín, hebreo, inglés, francés, nociones de Arte, Ciencias Naturales e Historia
Pero el pequeño Johann tenía algunos momentos libres y los dedicaba para conversar, con no disimulada ternura, con la hija de un posadero. Se trataba de Gretchen, una niña como él; pero un día de 1765 (a los 16 años de edad) hubo de marcharse a Leipzig para estudiar leyes. Allí, se enamoró de Anna Katharina Schönkopf, hija de un tabernero, quien le inspiró Nuevas Canciones y Libro para Annette.

Retrato de Johann W. Goethe, en su juventud.



Un nuevo amor le inspira poesías de alto vuelo

El 1771, Goethe fue a Estrasburgo a continuar sus interrumpidos estudios. Allí conoció a Johann Gottfried Herder - escritor, filósofo y crítico enjundioso-, quien lo llevó al conocimiento de la literatura shakesperiana y a interesarse por el drama histórico y la poesía popular.
De esa época data un nuevo amor: Friederike Brion, hija del párroco de Sesenheim. Esta hermosa joven le inspiró poesías de tonalidades completamente nuevas dentro de las letras alemanas. Pero él, una vez obtenido su título de abogado, regresó sorpresivamente a Fráncfort donde ejerció su profesión y continuó escribiendo (himnos en versos libres y una historia dramatizada sobre un caballero del siglo XVI). Además, comenzó el Fausto (personaje de una leyenda alemana, un nigromante, que se burlaba de Dios, y del diablo y que vende a éste su alma a cambio de bienes terrenales).

Minna Herzlieb inspiró a Goethe algunos rasgos de
la protagonista de la novela Las afinidades electivas.
En esta obra el escritor trata de la indisolubilidad
del matrimonio.



Personajes reales de una gran novela

En 1772 viajó, como abogado, a la ciudad de Wetzlar, donde conoció a tres personas que, dos años después, figurarán en su famoso Werther. Son ellos: el abogado Kestner, la prometida de éste. Charlotte Buff, y el joven Karl Jerusalem, hijo de un teólogo protestante.
Goethe se enamoró de Charlotte, pero fue rechazado y volvió a Fráncfort. Allí se entero de que el joven Jerusalem se había suicidado por un amor imposible. Unió estos hechos y se encerró en su cuarto para escribir una de las más hermosas y románticas novelas: Los sufrimientos del joven Werther. En ella, Werther (Jerusalem) se suicida  por el amor de Lotte (Charlotte), esposa de Albert (el abogado Kestner).
El éxito fue sensacional, pero ya para ese entonces Goethe esteba de novio con Lili Schönemann, a quien dedicó magníficas poesías, pese a las cuales la ruptura se concretó en 1775. En noviembre de ese año viajó a Weimar para ponerse a las órdenes del duque Carlos Augusto, quien lo nombró consejero secreto y le encomendó la dirección de las minas, de las carreteras y del teatro local. Además, el emperador José II le impuso un título de noble.

Charlotte Buff.



El período más feliz de su vida 

En 1786, queriendo liberarse de los trabajos oficiales de Weimar, emprendió un viaje (más bien una fuga) a Italia. Durante dos años vivió los momentos mas felices de su vida, pues se encontró a sí mismo.
De ese período datan: "Egmont" , "Ifigenia en Taúride" y "Torcuato Tasso".
Cuando regresó a Weimar fue recibido con frialdad por su ausencia de dos años; entonces, se aisló y recogió en su casa una modesta florista (Christiane Vulpius), con quien se casó años después. Asimismo, entabló una profunda y fecunda amistad con Friedrich Schiller -uno de los más grandes poetas de Alemania-, continuó creando obras poéticas, entre ellas Hermann y Dorothea, y se dedicó a los estudios científicos, dando a la estampa las siguientes obras: La metamorfosis de las plantas, Aportaciones a la óptica y La teoría de los colores.

Casa natal de Goethe en la ciudad de
Fráncfort del Meno, Alemania. Su padre
era consejero imperial y le proporcionó
una educación esmerada. 


Cuarto de Goethe en Fráncfort. El Fausto de Goethe inspiró una
ópera homónima a Gounod y un poema gauchesco al poeta
argentino Estanislao del Campo.



Su obra gigantesca: "Fausto"

Goethe no descansaba. Producía constantemente: inclusive compuso sonetos, inspirado por el amor de una adolescente llamada Minna Herzlieb, lo que no le impidió, tiempo después, enamorarse de Marianne von Willemer, inspiradora de una colección de poesías según modelos persas, titulada El diván de Occidente y Oriente.
La última pasión de este genio de la literatura universal fue una joven de 17 años, Ulrike von Levetzow, estímulo, por cierto, para la creación de nuevos poemas; Elegía de Marienbad y Trilogía de la pasión, que demostraban la asombrosa vitalidad de este poeta y su potencia creadora, pues Goethe tenía entonces 74 años de edad.
Ya en el ocaso de su vida, Goethe terminó Fausto, libro que había comenzado en plena juventud, cuando sólo tenía 23 años. La primera parte apareció en 1808, y la segunda en 1832, poco antes de su muerte.
En Fausto -obra que el mundo sigue admirando-, Goethe no se limitó a exponer un destino (el del protagonista), sino el destino del hombre con sus apetencias y desvíos. En lo que respecta al autor, puede decirse con certeza que tenia una fe inconmovible en su propio genio.
El 22 de marzo de 1832, a los 83 años, la muerte lo sorprendió mientras descansaba en un sillón. Sus últimas palabras fueron: "Abrid los postigos, quiero más luz".

Un grabado del pintor Rembrandt que representa al doctor Fausto.
 Fuente de la imagen





Monumento a Goethe en Fráncfort. De este genio
de la literatura ha dicho Thomas Mann, otro gran
escritor, que "no fue tanto un gran poeta, como un
gran hombre en la forma de poeta".