lunes, 6 de junio de 2016

Cuando una frase se hace célebre

"¡Soldado, hiere en el rostro!"

Luchaban los rudos veteranos de Julio César contra los atildados jóvenes patricios de Cneo Pompeyo en la famosa batalla de Farsalia -año 48 a. de C.-, y la suerte de las armas estaba indecisa entre ambos ejércitos. Entonces, sabiendo que a los soldados de Pompeyo les aterrorizaba la idea de mostrar cicatrices en la cara, Julio César dio la orden que inicia estas líneas, y el efecto fue instantáneo: ¡los jóvenes patricios se batieron en retirada, temiendo ser desfigurados por las lanzas de los legionarios!


Julio Cesar


"¡Mejor están en Bombay!"

Esta frase -usada con frecuencia para indicar que "se está mejor donde se padecen grandes calamidades"- tuvo su origen cuando un tal Urrecha, redactor de "El Imparcial" de Madrid, escribió una crítica muy mediocre de un drama de Echegaray. Al leer esa crítica, el celebrado sainetero Ricardo de la Vega publicó esta quintilla:
"En Bombay dicen que hay
horrible peste bubónica.
Aquí Urrecha hace la crónica
de un drama de Echegaray.
¡Mejor están en Bombay!"
Sólo falta saber qué habrá molestado más al comediógrafo Echegaray: si la mala crítica de Urrecha o el juicio de de la Vega.


Ricardo de la Vega
Fuente


"¡Ya no se puede morir gratis!"

Disponíase el famoso general y político ateniense Foción a beber la cicuta (año 317 a. de C.), cuando su carcelero le exigió el pago de doce dracmas "por el trabajo de machacar la planta y preparar el veneno". Con serenidad y heroísmo, aquel hombre que había sido injustamente codenado a muerte se dirigió a uno de sus amigos presentes y le dijo: "Entrégale el dinero que pide". Y apurando de un sorbo el contenido de la copa, agregó antes de expirar: "¡Ya no se puede morir gratis!".


Foción


"De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso"

Refiriéndose a la retirada de las fuerzas napoleónicas en la fracasada invasión a Rusia, el obispo de Malinas expresó que le pertenecía "sublime dicha operación táctica, a causa de los sacrificios realizados por el Gran Ejército". Pero ese juicio no fue compartido totalmente por Napoleón, quien destacó en una frase la escasa distancia que existe entre lo ridículo y lo sublime. El mismo pensamiento se atribuye a Talleyrand, pero nada impide que una misma frase la repitan muchos, y sin pagar derechos de autor!


Napoleón Bonaparte

miércoles, 1 de junio de 2016

El Greco: La espiritualidad de la forma y el color

"Aparición de la Virgen a Santa Martina y Santa Inés",
óleo que ornamentaba la capilla de San José, en Toledo.
NGA, Washington D. C.

Estamos en la ciudad de Toledo, España, en 1584. En un viejo palacio ubicado frente a las casas de la Duquesa Vieja tiene su taller el pintor Dominico Theotocópoli, conocido por el Greco. El artista se encuentra en plena tarea. Entremos en la arruinada, pero prestigiosa mansión.
Después de atravesar salas casi vacías, en las que se ven pinturas que repiten varias veces un modelo y que parecen apiladas contra los muros, y muñecos engomados, hechos con pegotes, que sirven al artista para copiar sus figuras, llegamos al taller. Detrás del caballete, con el pincel en la mano, asoma un caballero de más de cuarenta años, delgado y fino. Su cara angulosa está prolongada por la barba en punta. Le relumbran los ojos oscuros y para saludarnos hace un gesto cadencioso con la mano libre, mano que se destaca en seguida, como la otra, por su blancura y perfección. Es el Greco.
En el lugar todo es movimiento, si bien pausado o armonioso. La esposa del pintor, doña Jerónima de las Cuevas se inclina sobre el bastidor en que borda, y el hijo del matrimonio, el pequeño Jorge Manuel, juega con paletas y pinceles. Rodean al grupo familiar, don Antonio de Covarrubias, canónigo de la Catedral, muy admirado por su saber, y Juan Bautista Monegro, el escultor, amigos de Theotocópuli. Esta vez el artista copia del natural. Un modelo está posando para su cuadro de Felipe II.


"San Ildefonso" (1603-1605)
Hospital de la Caridad, Illescas.



El pasado del pintor

No sabemos si entonces se sabía quién era ese Greco, o Griego que pinta en la ex capital del imperio y llama la atención con sus cuadros. Es probable que los toledanos no averiguasen mucho, dada la fama del personaje.
Griego de origen, pues, Dominico Theotocópuli (o Theotokopoulos, o Teotokopolis, o Teotokopoli) nació en Candia, capital de la isla de Creta, entre 1540 y 1541. Hijo de padres que se encontraban en modesta posición, el nombre de bautismo sugiere que pertenecían a la Iglesia católica y no a la ortodoxa, como ocurría con la mayoría de los griegos.
Viajó a Venecia en fecha no determinada y allí perfeccionó su arte, para el que debió demostrar temprana inclinación. Se da por descontado que fue discípulo de Tiziano, uno de los grandes maestros que lo precedieron, quien -de dar fe a un documento- lo recomendó a Felipe II en 1567. Se asegura también que estuvo en Roma, donde abría tenido un juicio poco favorable para el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina...
Lo cierto es que hacia 1577 estuvo un tiempo en Madrid, y de allí pasó a Toledo, donde se instaló y realizó casi toda su obra.



La tierra y el cielo 

En esta visita que le hacemos podemos observar algunos bocetos y copias de cuadros que lo han consagrado. Están allí (aunque puestos cabeza abajo, en el desorden del taller) los guerreros de "San Mauricio", que le encargaron pintar en 1582; los personajes de "El Expolio", que firmó años antes; los caballeros invariablemente vestidos de negro, tan a la moda con las lechuguillas almidonadas, de las que surgen sus cabezas, y los muchísimos San Franciscos en éxtasis, con los ojos de mirada espectral, casi aterradora por el mundo que están viendo. En la ciudad que nada pregunta se susurra, sin embargo, que aquel "San Mauricio", que le ha sido encargado nada menos que por el rey para su palacio de El Escorial, no le agradó al monarca. Pero el Greco cobró su importe.
El artista va y viene con sus pinceles de la paleta a la tela. La luz mengua cada vez más, pero él parece no advertirlo. Sus amigos tampoco, que continúan mirándolo arrobados. Seguramente en la mente del pintor, incansable entonces, está ya ese cuadro admirable que representa el entierro de un noble y en el que sintetizará mucho de la pintura que ha hecho hasta entonces. 
Porque sólo hacia 1586 le encargarán la tela que pasa por ser una de sus mejores creaciones: "El entierro del Conde de Orgaz". En ella dividirá el cuadro en dos partes; la inferior, en la que representa el tema propiamente dicho, con personajes de la realidad (del mundo que vivimos, habría que decir, aunque se trate de caballeros del siglo XVI), y la superior, con la presencia de Dios, la Virgen y sus santos y mártires..., y los ángeles, muchos ángeles y querubines. La tierra y el cielo.



"El martirio de San Mauricio". Este cuadro fue encargado
por el rey de España Felipe II para el monasterio de
El Escorial.



"El entierro del Conde de Orgaz" es una de las obras
más famosas de este artista, que se compenetró
extraordinariamente del espíritu español.
Se conserva en la iglesia de Santo Tomé, Toledo.

Una obra ingente

Hay que decir que trabajaba y trabajaba, cada vez con mayor inspiración. De los maestros que hoy se le reconocen, como el Tintoretto, en el color, y Miguel Ángel, en la monumentalidad o condición escultórica de los personajes, ya no quedaba casi nada en sus telas. Las figuras se le sutilizaban y vibraban confundidas con su contorno, y los cielos se le partían en luces que venían de lo oscuro y anunciaban la corporización de su misticismo. 
Cuando va a iniciarse el nuevo siglo, el XVII, tiene sesenta años, y su actividad no había disminuido. Pinta para el Hospital de Illescas (él siempre trabajaba a pedido, y dejaba copia, en pequeño de lo que hacía) su "Virgen de la Caridad", que no le gustó a los admiradores del Hospital, que juzgaron demasiado modernos los cuellos de los personajes. Pero seguramente eso no le importó. En el mismo estilo de exasperante deformación, que nos produce hoy una impresión de gran belleza, pintó su "Asunción" y su "Visitación", para el Hospital de Tavera, entre tantas obras, incluidas las copias que hizo, porque su fama había extendido su nombre en Europa y se las solicitaban de todas partes.
Poco antes de su muerte, su hijo, que era ya un hombre y había heredado de él la vocación por la pintura, adquirió una capilla en Santo Domingo el Antiguo, con destino a sepultura, en la ciudad, para su padre y él. Así acostumbraban hacerlo los personajes de la época. Eso ocurrió en 1612. Dos años después, el 7 de abril, moría Dominico Theotocópuli.
Del inventario que hizo entonces Jorge Manuel se desprende la ingente obra dejada por el pintor. Pero su importancia no sólo era numérica, sino de calidad, que la posteridad se ha encargado de acrecentar con los descubrimientos de una crítica que lo exalta día a día. El Greco fue un genio de la pintura. Sus cuadros de grupos, de temas religiosos en su mayoría, sus retratos, sus santos y mártires, su mundo de visiones ultraterrenas siguen impresionándonos con la misma lucha que parece haberlo poseído a él en vida: la de su fe en constante crecimiento hacia la gloria de Dios.



"Sagrada Familia" (1595)
Hospital de Tavera, Toledo.



"San Martín y el mendigo" (1597-1600)
NGA, Washington D. C.


"San Andrés y San Francisco" (1595- 1598)
Museo Nacional del Prado, Madrid.
Las figuras alargadas y la notable espiritualidad distinguen
todas las obras de El Greco.



Autorretrato.




miércoles, 25 de mayo de 2016

De la vida misma

¿Quién es el más feliz de los hombres?

Cuando Solón, el famoso sabio, autor del código de leyes por el que se regían los atenienses, visitó a Sardes, la ciudad donde asentó su corte el poderoso Creso, célebre por sus riquezas, éste le preguntó si, habiendo tratado a tantos hombres, como se decía, había visto a alguno completamente feliz. El soberano le hacía esta pregunta porque se creía el más afortunado de los mortales. Pero el sabio le contestó sin titubear: 
-Sí, he visto a uno: Tello, el ateniense.
-¿Y por qué lo juzgas el más dichoso de los hombres? -insistió, molesto, el monarca.
-Porque vio crecer a sus hijos, todos hombres de bien, y a sus nietos, y habiendo sido invadida su patria, dio la vida por ella.
-¿Y después de Tello?- Volvió Creso.
Solón dio otro ejemplo, que no era el rey.
-¿Aprecias en tan poco mis riquezas para que ni siquiera me des el segundo lugar entre los felices? -estalló Creso.
-La vida del hombre, oh Creso, es una serie de calamidades -le respondió Solón-. Hoy eres un monarca poderoso y rico, pero no me atrevo a decirte si lo serás mañana. No por poseer dinero un hombre es más feliz que otro. ¿Cuántos desdichados vemos entre los opulentos y cuántos dichosos entre los que a penas tienen para subsistir?
De todos modos, hasta que llegue nuestro último día no sabremos quién es el más feliz de todos.


"Solón y Creso", Gerard van Honthorst (1624)
Kunsthalle de Hamburgo.

domingo, 22 de mayo de 2016

Los Strauss: Reyes del vals

Fuente


La música popular es, sin duda alguna, el reflejo de cómo vive una sociedad. Y no existió otro ritmo más adecuado para representar a la Viena imperial de los años 1800 hasta fines del siglo XIX que el vals. Y fue al ritmo suave y gracioso de esta danza, que aun en el giro veloz nunca perdió su elegancia, que primero Viena y luego el mundo entero coronaron a dos auténticos reyes: los Strauss, quienes al frente de sus románticas orquestas hicieron danzar a nobles y plebeyos, uniéndolos en la magia musical de sus inmortales valses.


"Vista de Canaletto" (1758-1761), Bernardo Belloto
Museo de Historia del Arte de Viena.

El primitivo recinto fortificado de los romanos llamado Vindobona
fue el origen de la ciudad de Viena.
En 1276 fue elevada al rango de villa imperial con la ascensión de los
Habsburgo, que hicieron de ella una de las más bellas ciudades del
 mundo, considerada también como la capital de la música.


Familia de músicos 

El apellido Strauss está íntimamente ligado a la música y es representativo de una verdadera época de oro del vals. Johann Strauss y sus hijos Johann, Eduard y Josef fueron los integrantes de esa famosa dinastía de músicos.
A los 15 años de edad, Johann Strauss padre ya era miembro de la famosa orquesta del músico Lanner, quien gozaba de gran prestigio en los más encumbrados salones de la nobleza.
En el año 1825, Strauss padre se independizó, formando su propia orquesta musical vienesa y dedicándose a componer polcas, mazurcas, marchas y valses que muy pronto se hicieron populares y lo hicieron famoso. Así comenzaba uno de los reinados que más tiempo duraron y más súbditos tuvieron: el de los Strauss.

Johann Strauss, padre (1804-1849)



Johann Strauss - hijo

Mientras crecía la fama de Johann Strauss padre, también iba creciendo su hijo, Johann, que no sólo había heredado de su progenitor el nombre sino su maravillosa inspiración, su rica inventiva musical. Enterado de sus inclinaciones por la música, su padre le prohibió terminantemente que se dedicara a ella, ya que quería que su hijo fuera comerciante. La madre de Johann, que realmente veía cuánto amaba su hijo la música y las asombrosas facilidades que tenía, sin que se enterara papá Strauss le dio todas las facilidades al joven, quien así pudo conseguir una sólida cultura musical.

Johann Strauss, hijo (1825-1899)

Casa en Dreimarksteingasse, en la que compuso famosas obras




Una misma pasión: la música 

La misma llama del arte que ardía en el corazón de Strauss padre, ardió en el corazón de su hijo, quien, afrontando lo difícil de la situación, decidió comunicarle que iba a formar su propia orquesta. Strauss padre se sintió impactado por la noticia, la cual recibió visiblemente contrariado.
Su hijo debutó al frente de su orquesta, y como número final interpretó uno de los valses más famosos de su padre: "Los sonidos de Loreley en el Rhin". La distinguida concurrencia aplaudió al novel director hasta las lágrimas. Al día siguiente, toda Viena comentaba el nacimiento de un nuevo artista del vals, y su padre, el noble Johann, tocando en lo más hondo de su alma de artista, perdonó a su querido hijo.
A partir de ese momento padre e hijo comenzaron a trabajar juntos, para alegría y orgullo de la ciudad natal y admiración de todo el mundo, ya que realizaron sinnúmero de exitosas giras por varios países de Europa.

Vista del castillo de Schönbrunn, residencia de los Habsburgo.
En los amplios y lujosos salones se escucharon los famosos valses de Strauss.



El inmortal "Danubio Azul"

Ya unidos, padre e hijo se dedicaron a perfeccionar la sonoridad de su orquesta, lo cual se logró gracias a los sólidos conocimientos de Strauss hijo. Fue él precisamente, quien estrenó el 13 de febrero de 1867, en la sala Dianabad, de Viena, una obra que lo llevaría a la gloria entre los compositores de este género: "El Danubio azul".
En esa oportunidad, y con letra de Josef Weyl, fue interpretada por un coro de hombres a "capella" (o sea, sin acompañamiento musical) como quinto número en una tertulia de Carnaval. Pero la consagración de este inmortal vals tuvo lugar en la Exposición Mundial de París, cuando su autor lo presentó a la alta sociedad allí reunida. A los pocos meses de este estreno, la editorial Spina, de Viena, comenzó a distribuir miles y miles de ejemplares de la obra, la cual era requerida desde todas partes del mundo.
Johann Strauss hijo, luego de fallecer su padre, en 1849, siguió adelante su carrera musical coronada de éxitos. Era un hombre afable, que desde las primeras horas del día en que se levantaba hasta muy entrada la noche componía sin pausa, alcanzando su producción la cantidad de 498 valses y 17 operetas.
Entre sus valses más famosos figuran "Aceleraciones", "El Danubio Azul", "Historias de los bosques de Viena", "Mujeres, vino y canciones", "Sangre vienesa", "Rosas del Sur", "Voces de primavera", "Valses imperiales", etcétera. A partir de 1870 nacen las siguientes operetas: "El murciélago" (1874), verdadera obra cumbre de la opereta vienesa: "Una noche en Venecia" y "El barón gitano", que fueron sus principales éxitos en esta etapa de su creación musical.



Vista del río Danubio, al que Strauss dedicó el mundialemente famoso
vals "El Danubio Azul".


Partitura de "El Murciélago", considerada la mejor opereta vienesa.
Fue compuesta en 1874 por Johann Strauss, hijo, y en ella se encuentra
 la riqueza melódica y el ritmo seductor de este compositor que le dio
al vals vienés su perfección clásica.



Sus hermanos: Sus herederos 

El intenso trabajo, las constantes giras, el crear sin pausa, agotaron a Johann Strauss, quien, al sentirse débil y enfermo, llamó a su hermano Josef. Este era un excelente pianista, pero no componía. Igual que a sus hermanos, su padre lo había orientado hacía otra actividad, aunque nunca había abandonado la música. Johann le pidió que siguiera en la senda de su padre y en la de él. Josef vaciló mucho, pero era un Strauss, y por su sangre corría el vals. Compuso él también gran cantidad de valses (283), y aunque sus melodías no tuvieron éxito y la popularidad que las de su padre y su hermano, igualmente siguió al frente de la orquesta en innumerables recitales y giras mientras Johann Strauss, algo repuesto, actuaba al frente de otra orquesta. 
Josef Strauss, agobiado de trabajo, recurrió a su hermano Eduard, diez años menor que él, quien siguió la trayectoria de sus familiares, y a él le tocó la tristeza de disolver, en el año 1902, la orquesta Strauss, que contaba en esa época 78 años de vida musical.
Tan grandes fueron la dedicación y la difusión de esta noble familia de artistas para con los vals, que el apellido Strauss ha quedado asociado para siempre a esta danza; a tal punto, que un musicólogo austríaco dijo alguna vez: "Al pronunciar el apellido Strauss, uno ya siente la cadencia de la danza que tanto amaron: el vals".



Monumento a Johann Strauss, hijo, en el Jardín Municipal de Viena


Teatro de la ópera de Viena, fastuoso edificio y centro musical
en la época de Strauss.


Plaza del Mercado de la Harina, en Viena, ciudad aristocrática
y cuna romántica de los más bellos valses del mundo.
Fuente



Para escuchar:


lunes, 11 de abril de 2016

Cuando una frase se hace célebre

"¡Yo también soy pintor!"

Tan grande fue el deslumbramiento que sintió Antonio Allegri "El Correggio" al contemplar la "Santa Cecilia", de Rafael, que sólo atinó a pronunciar la frase del epígrafe. Luego, como suele ocurrir con frecuencia sus palabras fueron interpretadas de maneras distintas: unos creyeron que "El Correggio" había subestimado los méritos de Rafael, diciendo algo así como: "¡Bah, yo también soy pintor y puedo hacer lo mismo!", mientras otros tomaron su exclamación como una prueba de asombro y admiración, equivalente a un: "¡Qué maravilla! ¡Pensar que yo también soy pintor!". En una palabra: antes de decir frases célebres, es conveniente aclarar el significado!

Autorretrato de Correggio (1510)

"El éxtasis de Santa Cecilia"
Rafael (1516 - 1517)



"¡Avergüéncese quien mal piensa!"

Con estas palabras -en una traducción más o menos literal-, Eduardo III de Inglaterra amonestó a varios cortesanos que habían observado con malicia y suspicacia su gesto insólito: ¡nada menos que levantar del suelo una liga que se le había caído durante el baile a la hermosa condesa de Salisbury! No conforme con la amonestación, el monarca sujetó la liga a su propia pierna, dando origen con ese gesto a la creación de la famosa y codiciada "Orden de la Jarretera", y a que su frase original "Honi soit qui mal y pense" quedase como leyenda en el escudo nacional inglés.

Eduardo III




"Si me dicen que he fallecido, no me asombraría nada"

Juan Emilio Arrieta, autor de las zarzuelas "Marina", "El dominó azul", "El grumete" y otras (1823- 1894), fue una de las figuras más populares de la España de su tiempo. Unía a sus condiciones de creador -dicen sus biógrafos-, un gran sentido del humor y se cuenta que, la noche antes de morir, charlaba jovialmente con varios amigos. Y cuando uno de ellos le preguntó: "¿Cómo se encuentra usted, maestro?", Arrieta le dijo sin titubear: "Mal, muy mal, amigo. ¡Tan mal me encuentro, que si al amanecer me dicen que he fallecido no me asombraría nada!".


Juan Emilio Arrieta
Fuente de la imagen



"¡No me mates! ¡Soy Arquímedes!" 

Después de un prolongado asedio, el general romano Claudio Marcelo logró apoderarse de Siracusa, recomendando a sus tropas que respetasen la vida de Arquímedes, a quien admiraba y estimaba profundamente. Ignorando lo que ocurría en la ciudad, el famoso geómetra estaba ensimismado en sus trabajos cuando un soldado entró en su casa e, irritado por la actitud del sabio -que juzgó indiferente o despectiva-, lo amenazó con su espada. Fue entonces cuando Arquímedes intentó detenerlo, pero su frase implorante no pudo evitar el brazo homicida... ¡y todas las recomendaciones de un general inteligente resultaron inútiles frente a los impulsos de un soldado ignorante!



Arquímedes

jueves, 7 de abril de 2016

¿Qué es la sed?

La sed, esa sensación que muchas veces experimentamos de acuciante y molesta necesidad de beber, es el toque de atención que nos permite reponer adecuadamente el agua perdida por nuestro organismo.





Distribución y consumo de agua

Aproximadamente, el 70% del peso corporal del hombre está constituido por agua, y esta cifra sólo puede oscilar con la desviación extrema de menos del 20% de lo normal, para la cantidad total de agua, en relación con el peso de cada individuo.
Diariamente se pierde poco más de un litro al evacuar orina, algo más de 500 ml. por la perspiración cutánea (evaporación normal de la piel, en un sujeto en reposo) y unos 300 ml. en el vapor de agua de la respiración tranquila, además de algunos mililitros con las materias fecales, salivación, lágrimas, etc. Es decir, que por lo menos se eliminan unos 1800 ml. diarios, y si está cantidad mínima no es reparada, en unos pocos días se deshidrata el organismo y, por desecación, le es imposible conservar las reacciones vitales.
El agua se distribuye en dos comportamientos: el líquido que esta dentro de las células, donde tienen lugar las complejas reacciones biológicas, y el que se halla fuera de las células, que sirve para mantener el medio acuoso en que viven todas ellas y del que obtienen oxígeno y alimento.



¿Por qué sentimos sed?

Mucho se ha discutido sobre los mecanismos que originan esta sensación. Desde Claude Bernard se ha pensado que la modificación de la cantidad total de agua o de la concentración de las sales de la sangre hacían sentir un efecto directamente sobre las células de los centros nerviosos. En cambio, para Cannon y Gregersen la sensación de sed se produce como consecuencia de la sequedad de la boca y las fauces que la disminución de saliva provoca; a su vez, la disminución de saliva, orina y otras secreciones es un mecanismo puesto en marcha de inmediato para ahorrar agua.

Claude Bernard.

¿Cómo se sabe que ya no hace falta agua?

Aquí también el mecanismo es complejo y delicado, y sus componentes principales están a nivel psicológico y neurológico. El hecho de humedecer la boca y la garganta trae un alivio rápido, pero poco duradero, de la sed, y es de evidente origen psicógeno; si lo que se ha ingerido es agua fresca, se observa que la sensación placentera de saciedad es mayor y más rápida. Bellows, experimentando con perros a los que les derivaba el esófago hacia una bolsa exterior, sin desembocar en el estómago (fístula esofágica), comprobó que al mojar la boca y la faringe, el animal tenía satisfacción inmediata de la sed, pero que le duraba poco y al rato volvía a ingerir líquido. Si se le introducía agua en el estómago, tardaba más en calmarse, pero el efecto que se lograba era prolongado. También se ha podido observar que la sensación de sed puede ser calmada lenta pero persistentemente con la introducción de agua o soluciones salinas isotónicas (de igual concentración que la sangre) directamente en una vena.

La experiencia de Bellows probó que un perro -al que por una
fistula en el estómago se impedía que el agua llegará al estómago-
calmaba su sed rápida pero fugazmente al humedecer la boca,
pero si se introducía agua directamente en el estómago la saciedad era persistente.


Mecanismos que regulan la sed

La valuación del agua del organismo se hace continuamente por intermedio de receptores nerviosos en la pared de algunos vasos sanguíneos; los osmorreceptores, que miden la concentración de sales en la sangre de tal manera que, si es alta, se solicita un mayor aporte de agua, y los tensiorreceptores, que informa, sobre las variaciones de la presión e indirectamente, el volumen circulante, pues a menor presión, sería menor el volumen del líquido extracelular, es decir, el que está en los espacios entre las células. Estas informaciones se envían a centros nerviosos ubicados en la base del centro (el hipotálamo, verdadero lugar de registro y elaboración de estas sensaciones), conectados directamente con la glándula de secreción interna muy importante, la hipófisis, que sobresale hacia abajo en la base del cerebro y que secreta una hormona llamada antidiurética, pues actúa a nivel del riñón, aumentando la reabsorción del agua y las sales. Cuando hay pérdida excesiva de líquido, aumenta la secreción de esta hormona, hay sed y se ahorra agua; si, en cambio, se destruye, hay una enorme pérdida de agua por orina, cuya cantidad diaria se eleva de 4 a más de 10 litros; entonces la sed aumenta considerablemente para reparar por ingestión esa terrible pérdida que afecta gravemente al organismo pudiendo llegar hasta causar la muerte.










Causas anormales de sed intensa

Son la simple privación prolongada de bebida o las pérdidas abundantes por exceso de sudor, durante el trabajo o el ejercicio, o en los climas tórridos; las diarreas intensas por enfermedad; la ingestión de alimentos salados; las hemorragias; las quemaduras, etc, o asociaciones de estas causas.


Consideraciones útiles

Como los lactantes y niños de corta edad son muy susceptibles a la deshidratación, pues su poco peso influye en que pequeñas perdidas sean críticas, así como la inmadurez de su sistema neurohormonal no es adecuada para rápidas y drásticas compensaciones, debemos cuidar en ellos un aporte correcto y continuo de agua en la alimentación y evitarles toda clase de pérdidas excesivas, como ocurre por sudoración en el encierro en ambientes caldeados, o su exposición excesiva al Sol, o el mucho abrigo. También, hay que consultar al médico ante signos de diarrea, sobre todo en las épocas calurosas, en que la afección se presenta frecuentemente, o frente a fiebres elevadas que aumentan la sudoración.



sábado, 12 de marzo de 2016

De la vida misma

La mejor recompensa

Hubo un tiempo en que los más excelsos artistas del mundo no perseguían fama ni fortuna, sino, simple y gozosamente, ejercitar con plenitud la tarea para la que habían nacido: crear.
Así es como muchas obras que aún hoy nos asombran por su belleza carecen de autor conocido. Entre ellas, las catedrales de diversos países europeos; en particular, las de estilo gótico, que pertenecen a una época de fe religiosa verdadera e intensa, a punto tal que dichos monumentos han sido considerados como "oraciones de piedra"; es decir que los artistas, al crearlas, elevaban a Dios sus preces con elementos materiales en vez de palabras.
Precisamente, uno de los ejemplos más notables de tales monumentos, la bellísima catedral de San Pablo, erigida en la ciudad de Londres, Inglaterra, guarda en su interior, en una tumba muy modesta, las cenizas del hombre genial que la construyó. La lápida que cubre esa tumba dice apenas:
"Si buscas mi monumento, mira a tu alrededor".
Profunda lección. Cada hombre -artista o no- vale tan sólo por lo que fue capaz de realizar. Y legar a sus contemporáneos y a la posteridad. Y si logró añadir un toque de belleza a este mundo, ésa, y no otra, será su mejor recompensa.